La Norte, camino de convertirse en la peor división de la AFC

En la tradicionalmente potente división norteña de la AFC, sus equipos están este año desarrollando un juego por debajo de los estándares que demandan sus aficionados.

Durante mi viaje a Londres de la semana pasada, visité la National Gallery con dos amigos. Contemplando el célebre cuadro de “Los girasoles” de Van Gogh, mientras para uno era obra maestra, al otro le parecía una castaña. Es lo que pasa con el arte. Cada cual lo ve a su manera y genera sensaciones encontradas. El kickoff de rabona intentado por los Steelers el pasado domingo es puro arte. Mientras para la mayoría constituye quizá el mayor fiasco en la historia de los kickoffs, para mí, Boswell está encumbrado en el olimpo de los genios, justo al lado de Pagano y su inolvidable fake-punt. Cuando todo parecía inventado, nos encontramos con este alarde de talento, tan inesperado como ridículo, de una NFL que nunca termina de sorprender.

Independientemente de que en college le funcionara, este esperpéntico lance pone el colofón a una división que se devalúa a marchas forzadas cual libra esterlina. Siempre he defendido la AFC Norte como la mejor división de la NFL, pero este año me lo están poniendo realmente difícil. No sólo es la que menos victorias totales acumula, sino que tiene en sus filas al único equipo que no conoce el triunfo, y cuyo líder no tiene récord positivo. La excusa de la igualdad entre sus componentes no se sostiene, o al menos, no por las circunstancias deseadas. Por diversas razones, los equipos que la conforman están rindiendo por debajo de lo esperado.

Los campeones, los Bengals, menospreciaron el impacto de las bajas. En ataque, no resolvieron adecuadamente la marcha de los receptores que escoltaban a Green, ni se esforzaron por retener a su RT. Otorgar la titularidad a un offensive tackle novel como Ogbuehi ha debilitado la línea ofensiva, al punto de que los runningbacks no encuentran huecos por donde correr y el peso de la ofensiva recae sobre Dalton, que está sufriendo el mayor castigo de toda su carrera. Esta presión le impide avanzar en sus progresiones (la aportación de Boyd y LaFell está siendo anecdótica) y le limita a centrarse en su primer objetivo, Green. Por tanto, en espera de Eifert, y pese a que Dalton y Green están a nivel estelar, el ataque global atigrado está bajo mínimos. En defensa consideraron adecuada una rotación de linieros que se ha demostrado insuficiente, y sobrevaloraron el talento de los jóvenes en la secundaria, dejando marchar a veteranos. El resultado es que el rendimiento general del equipo está varios grados por debajo del de años anteriores, y la probabilidad de repetir presencia en playoffs, cada vez es más escasa.

Los Steelers aparecían como la gran esperanza de la división a representar a la conferencia en la Super Bowl, pero también cometieron el error de creer en la inmortalidad de Roethlisberger. Sobre el imprudente QB descansa el engranaje del equipo, pero rara es la temporada que no debe perderse algún partido por lesión. La defensa, pese a los denodados esfuerzos del front-seven, no está diseñada para ganar los partidos, sino para reducir daños y dejar los encuentros al alcance de la productiva ofensiva. Pero si el ataque se atasca, y esto ocurre cada vez que no está Big Ben a los mandos (o lo hace mermado por lesión), esta estrategia se derrumba. Basta con sobrecargar el box para contener a Bell y redoblar la vigilancia sobre Brown para convertir a los “Señores del Acero” en “Villanos de Latón”. Si sumamos la prolongada ausencia del TE Green, una segunda unidad de receptores que se deja caer excesivos balones y una línea ofensiva que cada día pierde una pieza, el proyecto de Pittsburgh puede verse comprometido.

Los Ravens también cometieron un exceso de confianza al considerar la pésima temporada 2015 como producto de la plaga de lesionados sufrida. Sin embargo, este hecho sólo hizo ocultar males mayores. El ataque siguió sin jugar a nada. Sin amenaza profunda (sólo Steve Smith destaca entre los WRs), las defensas se cerraron sobre la carrera asfixiando a Flacco, que dicho sea de paso, tampoco está teniendo su mejor temporada. Al menos, han reaccionado despidiendo al coordinador ofensivo, y aunque la mano de Mornhinweg empieza a notarse en un playcall más balanceado, lo cierto es que la ofensiva sigue sin arrancar del todo. En defensa, la llegada de un líder como el SF Weddle no es suficiente para arrastrar a una secundaria que no termina de aprovechar el extraordinario trabajo de la línea defensiva. Baltimore vive de la presión de su front-seven, y cuando ésta decae, bien por cansancio (lo que es comprensible), o bien por decisión del coordinador Pees (esto ya no lo es), se ponen de manifiesto las carencias.

Probablemente, quienes menos estén decepcionando sean los Browns. Se esperaba que acumulasen un ingente número de derrotas y están cumpliendo el pronóstico con quirúrgica precisión. Estaba aceptado que este año no era valorable en función de resultados, sino de rendimiento. Tirar la temporada quedaba amortizado si a cambio se consolidaba la propuesta de Jackson, pero por desgracia tampoco está siendo así. Kessler, un proyecto de futuro a quien la escabechina de QBs está convirtiendo en presente, y el renacer de Pryor como receptor, están siendo probablemente las únicas alegrías. Las lesiones están ralentizando la progresión de los novatos más prometedores e impidiendo conformar un bloque que genere un juego consistente. Tras nueve derrotas consecutivas, el ánimo de una plantilla en exceso joven (más de la mitad apenas están en su 2º año o son rookies) está empezando a decaer. A falta de veteranos de referencia, parecen perdidos y, en cierto modo, resignados a su destino. En su afán por la necesaria limpieza, los Browns se excedieron en el uso de la lejía, y dejaron la franquicia carente de líderes, a excepción de Joe Thomas. El fichaje de Collins viene a cubrir esta falta en defensa, puesto que Haden no está dando el perfil. Espero que la energía con que nació este proyecto no decaiga, y sigan competitivos hasta conseguir la ansiada victoria.

Todo esto aderezado, en común para los cuatro equipos, con placajes fallidos, problemas de protección al QB, errores de equipos especiales y penalizaciones innecesarias. Como siempre, la emoción acompañará la división hasta el final. Me gustaría pensar que la calidad también.

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