Los diésel Chiefs alcanzan y atufan a los Panthers

El equipo de Kansas City hace gala de su tranquilidad, saber hacer y confianza en su football para desquiciar a los de Carolina y apuntillarlos.

Los diésel son de combustión lenta. Son fiables, duros. Nada en ellos resulta excitante o atractivo y su función básica es para trabajar. Trabajo, de eso saben un montón. No pasearías con uno por las carreteras del Pacífico en un bucólico atardecer, pero como haya que empujar, transportar o recorrer kilómetros de forma eficiente o sin gastar en exceso, son tu vehículo.

Los Kansas City Chiefs son diésel. Lo sabe todo el mundo en la NFL. Y enfrente tenían a unos lujosos Carolina Panthers, con su MVP a la cabeza y una defensa que durante todo el partido brilló con su carrocería brillante y excepcional. Y durante gran parte de la tarde pareció que les iban a ganar la carrera. Como tantas otras veces en los últimos años, a los Chiefs poco les importó la estética o la velocidad punta porque, en media, acabaron alcanzando a los Panthers, atufándolos con su tubo de escape y dejándolos atrás. 20 a 17 a favor de Kansas City mostró el marcador final cuando al descanso era de 17 a 3 a favor de Carolina. Sin prisa pero sin pausa.

Sucedió sin alharacas. Alex Smith no llegó a las doscientas yardas de pase. Ningún corredor pasó de las 61. Ningún receptor alcanzó si quiera las 90. No hubo ningún touch down de ataque ¿Y? Esto son los Chiefs, amigos, un equipo que juega al football en sus tres fases: ataque, defensa y equipos especiales, y que gana más partidos que nadie en la NFL en las últimas 21 semanas combinadas de dos temporadas.

Todo lo importante para el resultado final ocurrió en el último cuarto. A él se llegó aún con el 17-3 en el marcador. Tras un drive en el que el pase mandó sobre la carrera, los Chiefs anotaron un field goal y, acto seguido, Cam Newton cometió un error estúpido: en una pésima lectura del blitz soltó el balón sin cuidado y éste acabó en las manos de Eric Berry. El fenomenal safety protagonizó un no menos fenomenal retorno, con numerosos placajes rotos y cambios de dirección, que retornó para touch down. En 01:35 minutos habían anotado 11 puntos, pues Travis Kelce acertó con la conversión de dos puntos.

Carolina sólo sabía avanzar con pases diagonales interiores a Kelvin Benjamin. Por supuesto, y salvo casos excepcionales, en la NFL si vives sólo de una jugada esta acaba siendo detenida. Así fue, así que los Chiefs tuvieron el balón para, de nuevo, llegar a field goal range y que Cairo Santos empatase el partido a 17.

Aún quedaban 04:25 por jugarse, tiempo de sobra para que pasase de todo.

Y vaya si pasó.

Porque en un partido de tamaño peso fue una absoluta estupidez la que decidió el resultado y otra absoluta estupidez la que estuvo a punto de hacerle cambiar de signo. Las defensas de ambos equipos, sobrias y dignas, cuando no notables, obligaron a sus ataques a intercambiar punts hasta que el balón quedó en manos de Cam Newton con 29 segundos por jugar, sin tiempos muertos, en su propia yarda 20. Rodilla y a la prórroga, pensaréis.

Pues no. Carolina, buscando un absoluto imposible, con nada que ganar y mucho que perder, volvió a mandar un balón interior a Benjamin que acabó con un robo majestuoso de Marcus Peters. Ambos, receptor y cornerback, habían mantenido un duelo precioso todo el encuentro. Pues bien, ese robo dejaba el field goal regalado a los Chiefs y la sensación de «hemos hecho el imbécil» en la cara de todos los Panthers. Peters, para compensar, le pegó una patada al balón que lo mandó a la grada… y le costó una penalización.

Nada cambió, al final, esa muestra de pérdida de papeles, pues tres jugadas después Cairo Santos ponía el 17-20 final en el marcador.

Para Carolina la derrota es durísima. Porque tenían el partido bajo control tras tres cuartos de gran seriedad que recordó al gran equipo que fueron el año pasado y que, francamente, pueden ser este año, o podrían haber sido este año. Porque cometieron un error estúpido indigno de gente que sabe lo que se está jugando. Y porque con 3-6 de récord lo de meterse en playoff se pone en chino.

Para Kansas City por su parte, sólo es un día más en el que van carburando poco a poco, a lo suyo, sin nervios ni barbaridades, y acaban a adelantando a sus rivales, dejándolos tirados en la cuneta con problemas en el turbo o vaya usted a saber. Como si les importase, que están trabajando y a tontadas.

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