Noticias Variadas de AS NFL.com (1)

Bienvenidos al verdadero Oeste dentro de la AFC

Un inmenso porcentaje de las opciones de revalidar el título de los Denver Broncos pasan por lo que pueda hacer Von Miller.

Getty Images

En la división más complicada de esta conferencia hay tres equipos que no dan su brazo a torcer por ser los dominadores de estas tierras tan áridas como crueles.


Bienvenidos al Oeste Americano, a la AFC West. Un mundo crudo dónde un traspiés con unos delfines puede acabar contigo. Un mundo donde un disparo certero -o un retorno de extrapoint– puede mantenerte con vida. Un mundo en que si no juegas, pasas de ser el perseguido al que persigue. Un mundo donde la tribu de los índios no la puedes dar nunca por derrotada. Bienvenidos a Westworld.

Ahora mismo en la división más complicada de la conferencia americana hay 3 equipos, 3 bandos, que no dan su pie a torcer en su carrera por ser los dominadores de estas tierras tan áridas como crueles. Una lucha sin cuartel que está desembocando en grandes batallas que quedarán para las canciones. Allí a los pies de los cañones se encuentra el poblado de los caballos salvajes. Un poblado inexpugnable antaño, pero que perdió recientemente a su experimentado sheriff y que regenta dudas con el nuevo pistolero que ha sido asignado por el alcalde John Elway. El sheriff Siemian empezó con mano certera comandando el poblado y alejando a los bandidos e indios de sus pertenencias. Pero cada vez tiene más problemas para contener dichas amenazas y la supremacía del pueblo Bronco parece que puede llegar a su fin. No obstante, sigue contando con el temible Von Miller, uno de los mejores cazarrecompensas que con su banda de secuaces son capaces de capturar a cualquiera.

Al cabo de pocas semanas volvieron unos outlaws que parecía que nunca iban a volver. Unos bandidos que mucho tiempo atrás fueron los más respetados y atemorizaban a la gente de bien. Gente muy poco respetable que se salta la ley demasiado a menudo aunque les pueda perjudicar con pérdidas increïbles de terreno. Los más viejos del lugar cuentan que se les conocía como Los Raiders. Famosos pistoleros que han demostrado últimamente que quieren volver a dominar el Oeste con su polivalencia en sus ataques, liderados por un joven religioso llamado Derek y sus 5 -o a veces 6- guardaespaldas que procuran que nadie pueda acercarse a él. Además, cuentan con 2 de los mejores jinetes que se pueden ver por esos lares capaces de recorrer muchas yardas por sus flancos. Dicen de ellos que la retaguardia es el punto donde se les puede hacer daño, pero parece que cada vez están más bien organizados y las derrotas sangrientas que profetizaban los brujos a principios de otoño no están llegando. Tras ganar en una dura batalla a los pistoleros del pueblo de los caballos salvajes ahora se rumorea que han escapado a México para intentar el asalto de un carruaje proveniente de Texas. No obstante, en su largo viaje al sur, el dominio de las tierras del Oeste ha quedado en manos de un grupo temible, la tribu de los jefes.

Ataviados con pinturas blancas y rojas, la tribu de los jefes siempre está ahí. Cuenta la leyenda que han perdido muy pocas batallas los últimos tiempos. Sus estrategias en la lucha son tan ancestrales como inamovibles, pero siempre consiguen mantenerse en pie. Muchas veces comienzan mal, caóticos, pareciendo que no hay modo en que puedan sobreponerse, pero nunca se les puede dar por vencidos y de un modo u otro, al final, consiguen acabar con sus adversarios. Nadie conoce los nombres de esos indios. No hay un luchador que destaque por encima de los demás. Su chamán, un brujo al que llaman la «morsa roja», les provee de todos los arcos, lanzas y conjuros necesarios para ser temibles.

Nadie sabe cómo va a ser el desenlace en el oeste americano. Pero seguro que nos aguarda muchas sangrientas batallas, con duelos de pistoleros que van a ser legendarios. Con implacables cazarrecompensas y bandidos dispuestos a todo. Nadie sabe cómo va a terminar, pero el final es lo de menos. Debéis resguardaros en vuestras casas, espiando tras las ventanas, para no perderos ni una sola bala de la disputa. El oeste es demasiado grande para los tres, solo puede quedar uno. Y hasta que llegue la batalla del decimoséptimo día, no sabremos quién mandará en Westworld.

Fin a la polémica en los Cowboys: Romo a la banca

Jason Miller

AFP

Reconoció que Dak Prescott es el nuevo quarterback titular en Dallas y se repite el ciclo de hace una década con Bledsoe

Tony Romo bien pudo pararse detrás del estrado sin decir una sola palabra. Su rostro hablaba lo decía todo: Sus días como titular en los Dallas Cowboys llegaron a su fin, al menos en el futuro previsible.

El veterano quarterback, saludable por primera vez desde la tercera semana de pretemporada, no volverá a pisar el campo a menos que a Dak Prescott le suceda una catástrofe. Es el ciclo de la vida dentro del emparrillado.

Fue así como él tomó las riendas de los Cowboys en aquel lejano 2006, cuando el veterano Drew Bledsoe salió lesionado ante los New York Giants, empujándolo al retiro.

“Yo fui ese chico alguna vez, el que tomó el lugar de alguien más y tuve que demostrarme a mí mismo”, reconoció. “Recuerdo esa sensación como si fuera ayer. Es un momento increíble en la vida”.

Ahora es turno de que Antonio Ramiro, el león viejo le ceda el trono al león más joven, quien se lo obtuvo a pulso, con triunfos, liderazgo y sin demostrar la presión que conlleva la estrella en el casco.

“Se ganó el derecho a ser nuestro quarterback”, dijo con cara de estreñimiento mientras leía una carta, que tal vez nunca se sepa si salió de su puño y letra o traía las iniciales JJ al pie. “Por más difícil que sea difícil para mí decirlo, se ganó ese derecho. Ha llevado a nuestro equipo a una marca de 8-1 y eso es algo muy complicado”.

Muchos hemos visto a Romo en momentos de derrotas desconsoladoras, y el rostro del martes fue el más difícil de observar. Sabe que está cerca de los 37 años de edad, y que tiene más de un año sin jugar un partido relevante, pero eso no es suficiente para extinguir su espíritu competitivo.

“Si por un segundo creen que no quiero estar en el campo, probablemente nunca hayan sentido el éxtasis de la competencia y la victoria”, afirmó sin poder ocultar la frustración. “Eso aún lo tengo. De hecho creo que me quema más que nunca”.

Con ello, el mismo se encamina a la puerta de salida del equipo que le dio la oportunidad como agente libre no drafteado, pero con el que nunca pudo convertir las grandes estadísticas en victorias en los momentos importantes.

También con esas palabras se inicia una nueva polémica. ¿Dónde jugará Romo en 2017? En Dallas no será, no mientras Dakota Prescott mantenga el nivel mostrado, no mientras se sigan acumulando victorias, y mucho menos si se mantiene saludable.

Por lo pronto, Romo tiene bien claro lo que hará en lo que resta de temporada.

“No permitiré que esta situación afecte de manera negativa a Dak o al equipo al convertirme en una distracción constante”, dijo Romo. “Creo que Dak sabe que cuenta con todo mi apoyo”.

Fin de la polémica. Los Cowboys son de Dak y la banca es de Romo. Para Dallas el futuro es ahora y para Romo adiós y buena suerte.

Si le sucedió a Joe Montana y a Peyton Manning, ¿Qué no le suceda a Tony Romo?

Es la hora de despedir a Gus Bradley

El paso de Gus Bradley por los Jacksonville Jaguars no es que haya sido muy exitoso.

Getty Images

Que Gus Bradley no será el entrenador jefe de los Jaguars en 2017 es a estas alturas casi un hecho consumado y lo más sensato sería despedirlo hoy mismo

Lo más difícil para un trader, para un inversor en bolsa, es muchas veces saber cuándo cortar las pérdidas. Cuando decidir que ya está bien, que la apuesta por esa empresa que parecía segura no sólo no va a dar beneficios, sino que ni siquiera se va a recuperar lo invertido. Vender las acciones, asumir los números rojos y enterrarlo en el recuerdo para seguir adelante. Shahid Khan, el dueño de los Jaguars, se hizo millonario en la industria del automóvil, no especulando en bolsa, pero con Gus Bradley parece más bien uno de esos brokers orgullosos que se niegan a reconocer los errores.

Hay que reconocerle a Khan una virtud importante y cada vez menos habitual en la NFL: la paciencia. La tuvo con Gene Smith (general manager) y Jack del Rio (head coach), que habían llevado a los Jaguars a los playoffs en 2005 y 2007, a pesar de la evidente decadencia de aquel equipo. A Del Rio le despidió en 2011, pero a Smith todavía le dio la oportunidad de redimirse en 2012, con Mike Mularkey como entrenador. No funcionó, y de aquel equipo quedó claro que había que rehacer prácticamente hasta los cimientos.

Así que con sus nuevos general manager, Dave Caldwell, y entrenador, Gus Bradley, aplicó el mismo principio: la paciencia. Sus tres primeras temporadas fueron nefastas, pero era de esperar. Al equipo le faltaba talento y hasta un estilo. Dio igual que en sus tres primeras temporadas apenas sumaran doce victorias (es decir, apenas un 25% de éxitos) y acumulasen algún que otro sonado fracaso en el draft: no costó mucho tiempo identificar a Luke Joeckel como uno de los peores líneas ofensivos jamás elegidos en primera ronda.

Y dio igual porque había cosas que sí se habían hecho bien. También a través del draft se eligió a un quarterback con potencial, Blake Bortles, y se le rodeó de un grupo de receptores que para sí los quisieran al menos otros 25 equipos de la liga: Allen Robinson, Allen Hurns y hasta Marquis Daniels… en sus días buenos. También se acumularon buenos jugadores defensivos: Senderrick Marks, Roy Miller (estos dos con el mérito añadido de ser elegidos en rondas bajas), Telvin Smith…

Además 2015 fue un año prometedor. El equipo pudo haber peleado la división hasta el final si no fuera por apagones mentales que les costaron un puñado de partidos y que se achacaron a la juventud del equipo. Ya aprenderán, era el mantra. El año es 2016. Y Dave Caldwell, convencido de que así sería, se aplicó en el draft y la agencia libre y puso en manos de Gus Bradley el equipo con más talento que se recuerda en Jacksonville en más de una década. Playoffs or bust, que diría un yanqui.

A estas alturas ya está claro que no habrá playoffs. Los Jaguars no sólo no han resuelto sus problemas de inmadurez: en muchos casos los han empeorado. Y sí, todos sabemos que Gus Bradley no seguirá en 2017 (salvo que a Khan le dé en un arranque por imitar a su rival de Indianapolis y lo renueve en contra de toda lógica y evidencia). Pero a estas alturas eso podría no ser suficiente. Si los Jaguars quieren tener opciones de dar la vuelta a la tortilla el año que viene, la única decisión sensata es despedir a Gus Bradley y buena parte de su equipo técnico ahora mismo. Ayer mejor que hoy.

Vaya por delante que el que firma arriba nunca ha sido muy partidario de cambiar de entrenador a mitad de temporada. En ningún deporte. Y menos en uno que requiere de una preparación tan minuciosa de esquemas, jugadas y partidos. No suelen salir bien. La cuestión es que con Bradley y los Jaguars no estamos hablando de esquemas y jugadas: estamos hablando de los mismos fundamentos del football.

Hay docenas de ejemplos en su equipo, pero ninguno más palmario que el de Blake Bortles. Siempre fue un quarterback algo alocado y con tendencia al pistolerismo, pero en 2015 dejó buenas sensaciones y la impresión de que estaba en la buena senda. Ahora mismo verlo jugar es un suplicio, en buena medida porque parece evidente que para él mismo es un suplicio.

Ya no es sólo que sea incapaz de leer bien las jugadas, o la presión que le llega en el pocket. Es que lanza el balón cuando no debe, a quién no debe y en una postura en la que se hace imposible que el balón llegue con éxito al receptor. Por no hablar de que hace semanas que no se le ve un balón que salga recto, con fuerza, sin hacer extraños que dificulten todavía más su recepción. Bortles está en plena regresión, y ni Bradley ni nadie de su equipo de entrenadores parece ser capaz de hacer nada para evitarlo.

El mismo ejercicio podría hacerse con la defensa: placajes fallados, ángulos erróneos, mala posición a la hora del snap… Y esto con Bradley, que venía con fama de gurú defensivo. Falla lo básico, los fundamentos.

Por eso Khan tiene que asumirlo ya: nunca va a recuperar lo invertido con Bradley. Y es mejor dejarlo ahora que perder todavía más. Poner a otro entrenador al frente del equipo para lo que queda de temporada, y además con una única y clara misión: trabajar en lo básico, en los fundamentos. Para hablar de sistemas ya llegará otro en 2017. Además, así Caldwell, que sí ha hecho un buen trabajo reuniendo talento en los Jaguars (es difícil creer lo mal que juega esa defensa con los destellos individuales que se ven en un buen puñado de sus jugadores), todavía tendrá tiempo de redimirse y elegir a un entrenador que le lleve al éxito antes de que su contrato acabe en 2018.

Deja un comentario

Tu email nunca se publicará.