Resumen de los Partidos-Semana 11 (AS NFL.com) Parte I

Seahawks 25 – Eagles 16

Los Seahawks meten miedo a los Eagles y a la NFC en bloque

Todos los elementos del equipo de Seattle que les han hecho acreedores de dos presencias en la Super Bowl se vieron en la victoria ante Philadelphia.

La NFC ha tomado nota: los Seattle Seahawks están de vuelta. Me refiero a los grandes, a los intimidadores, a los que son capaces de ganarte de más de una manera, y son capaces de desquiciarte de otras tantas. Son malas noticias para sus rivales y excelentes para los aficionados.

Los Seahawks ganaron a los Philadelphia Eagles por 26 a 15 en una demostración de poderío que fue superior a lo que muestra ese marcador. Este triunfo les pone con siete victorias y una distancia sideral con sus rivales de división, que no hacen más que perder por esos campos de la NFL. Van a estar en playoffs, eso parecía descontado desde el principio, pero es probable que jueguen uno o dos partidos en casa, que para ellos es una ventaja enorme. Y los que no, bueno, se dice que para jugar bien a domicilio en esta liga hay que tener dos cosas: defensa y experiencia ganadora. Y a esta gente le sobra de ambas.

Repasemos lo que les ha hecho grandes en el último lustro y veamos cuanto de ello se vio en el partido contra los Eagles.

La defensa. Ese es su gran puntal. Pues resulta que no permitió a ningún corredor de Philadelphia pasar de 31 yardas. No dejó a ningún receptor llegar a las sesenta. Forzó dos intercepciones. Presionó toda la tarde a Carson Wentz y aunque sólo consiguieron un sack no os dejéis engañar: le hicieron la vida imposible.

Russell Wilson. Unas muy eficientes 272 yardas, con un touch down de pase a Jimmy Graham en una jugada soberbia. De hecho, tuvo tres o cuatro momentos de absoluto MVP, con el pocket roto e improvisando para sacar petroleo, pero nada como ese pase a Graham, casi a mano, girando el cuerpo, un paso antes de pasar la línea de scrimmage en escorzo marca de la casa.

Es más, hubo un momento de absoluta fantasía con un pase de Doug Baldwin al propio Wilson para que fuese este, en labor de receptor, el que anotase el segundo touch down del equipo.

La carrera. C.J. Prosise abrió el partido con una jugada de 72 yardas. Poco que añadir. Thomas Rawls volvió y mostró porque han prescindo de Christine Michael: 57 yardas en 14 carreras.

Incluso la línea ofensiva, enorme punto negro del equipo, estuvo notable frente a una línea defensiva de los Eagles que es de las mejores de la liga.

Y es que todo les salió. De lo más profundo, de lo más duro y esencial, hasta los momentos de aventura. Seis jugadas nada menos fueron big plays, de más de 20 yardas ¿Acaso no es eso algo para temerles, para temerles mucho? No os quepa duda.

Conste que tuvieron alguna ayuda de parte de unos Eagles que volvieron a demostrar que son el gran circo del drop, con momentos sonrojantes de Matthews y Agholor.

La defensa de los Seahawks está donde siempre. Las piernas de Russel Wilson han vuelto. La OL no permitió un sólo sack hasta el minuto 11:07 del tercer cuarto. Rawls mejora el backfield. Baldwin y Graham dejan momentos capaces de desmontar un drive en un instante. La afición sigue implacable y ruidosa como pocas. ¿Les tenéis miedo? Deberíais.

HOUSTON 20 – OAKLAND 27

El Azteca fue negro y plata en otra gran noche de Derek Carr

Carr, tras el partido: «Es increíble, las gradas eran al menos 90% nuestras». El QB fue la gran diferencia entre ambos conjuntos y determinante, por quinta vez este año, en el último cuarto.

Once años después, la NFL regresó a México para preguntarse por qué no había vuelto desde aquel 49ers – Cardinals. Un partido en 2005 que demostró a la liga más lucrativa del mundo que sí podía celebrar partidos oficiales en el extranjero. Un experimento acertado que, curiosamente, luego benefició únicamente a Londres… hasta anoche. Un Azteca repleto vibró con un Raiders-Texans que fue de menos a más.

El mismo estadio que vivió la final del Mundial de 1970 y la mano de Dios de Maradona en el 86’ se tiño ayer de negro y plata, contando con muchos más adeptos que su rival (los abundantes silbidos durante los drives texanos comprobaron su condición de visitante).

Los Raiders afrontaban el partido como favoritos en el Estadio Azteca frente a unos Texans que han perdido brillo tras el KO de su gran líder J.J. Watt. Aunque la verdadera diferencia estaba bajo centro: Derek Carr vs Brock Osweiler. Mientras Carr (21/31 295 yardas y 3 TDs) sigue en su trayectoria firme a estrella y se quedó con el balón del partido, Osweiler (26/39 243 yardas y 1 TDs) demostró que tendrá difícil quitarse encima el estigma de quarterback suplente o ‘aquel plan B anti-Tebow’ de John Elway en los Broncos.

El corredor Lamar Miller (104 yardas y 1 TD)  fue la única luz ofensiva de los Texans que, pese a maniobras tan absurdas de su QB como un autopase completo accidental en jugada de línea de gol, tuvo opciones hasta el final.

Derek Carr tardó en descifrar la defensa contraria, que con un por fin sano y radiante Jadeveon Clowney impedió el juego de carrera californiano. El mariscal de Raiders, entonces, recurrió a lo suyo: un arreón de 14 puntos en el último cuarto para certificar el triunfo negro y plata en lo que quedará para rato como el segundo fortín Raider: El Azteca de México.

No es extraño que Carr quiera volver. Tras el partido lo expresó junto a un «es increíble, ¡el 80 o 90% de las gradas eran nuestras!». ¿El próximo objetivo? Alcanzar los playoffs por primera vez desde 2002.

No todo fueron luces

Punteros láser, gritos de ‘eeeeeeh, pu…”, una actuación mediocre de los árbitros y el protagonismo de los tanques de oxígeno —sólo Denver, en 1,6 kms de altura, rivaliza con la del Azteca (2,2 kms)—, pero la Ciudad de México cumplió en su tarea de anfitrión y ofreció una sede más espectacular que muchos de los estadios de su vecino al norte.

Giants 22 – Bears 16

La defensa de los Giants sigue infranqueable una semana más

Los Chicago Bears, que empezaron dominando el partido, fueron incapaces de anotar un solo punto en la segunda mitad tras la lesión de Zack Miller.

En Nueva York vimos al Cutler de las dos caras. En la primera mitad estuvo preciso y letal. Dominante. Con pases potentísimos y una superioridad insultante en el pocker. Buscando en los momentos clave a Zack Miller, convertido en su receptor favorito tras la sanción de cuatro partidos a Jeffery. Pero una lesión del tight end en una de las últimas jugadas de la primera mitad terminó con el aplomo de su quarterback, y con todos los recursos de un ataque que, hasta ese momento, también había arrasado por tierra. Jordan Howard, que en la primera mitad había sumado 72 yardas en 12 carreras, solo consiguió cinco yardas en cinco intentos en toda la segunda parte.

Con ese guión, los Bears, que habían anotado un touchdown de 19 yardas de Miller en la primera serie del partido, un field goal de 40 yardas en su segundo drive, y otro touchdown de carrera de Langford en la tercera posesión, terminaban ahí su aportación al partido. 16 puntos no eran suficientes para sobrevivir frente a los Giants.

Los locales no se amedrentaron con el buen arranque de sus rivales. Jennings conseguía correr algo más de lo habitual, y el ataque aéreo, caótico como siempre, alternaba jugadas extraordinarias con lanzamientos de Eli Manning a ninguna parte. Entre arenas y cal, el propio Jennings anotaba un touchdown de carrera de 2 yardas, y Robbie Gould metía dentro un field goal de 46 yardas. Como sucedió en casi todos los emparrillados, ambos equipos fallaron un extra point (16-9) en la primera mitad, y ahí no acabó al debacle de kickers.

En la segunda mitad, simplemente desapareció el ataque de Chicago. Una vez más, el equipo transmitió fenomenales sensaciones a ambos lados del balón durante dos cuartos, y de pronto se apagó sin que hubiera explicación. Jay Cutler empezó a torcer el gesto al mismo tiempo que le llegaba la presión, y los pases profundos de Eli antes o después terminaban por encontrar objetivo. Cada completo era una puñalada en las aspiraciones visitantes. En las dos primeras series, llegaron dos touchdowns, uno de Tye de 9 yardas y otro de Shepard de 15. El segundo también con extra point fallado, que dejó el marcador 22-16 a falta de cuarto y medio.

El resto del partido, como sucedió la semana pasada con los Giants contra Cinncinati, cuando consiguieron mantener una ventaja de un punto durante el último cuarto, fue un quiero y no puedo de los Bears. Tuvieron el balón en seis series. Cuatro de ellas terminaron en tres y fuera, una cuarta acabó con un field goal fallado de 51 yardas (vaya tarde para los kickers), y la última, a la desesperada, culminó trsitemente con un lanzamiento interceptado a Cutler.

Pero lo peor para Chicago, y lo mejor para Nueva York, es que en ningún momento dieron la sensación de poder remontar. El dominio de la defensa de los Giants fue insultante una semana más. Y si continúa jugando así, estos Giants, por muy irregular que siga siendo su ataque, se convertirán en un rival muy duro si se clasifican para postemporada.

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