Dentro del Emparrillado (1)

Packers 21 – Texans 13

Los Packers ganan el clásico partido en la Tundra de Wisconsin

A pesar de las duras condiciones y de tener a un Rodgers renqueante dirigiendo el ataque, el cuadro local respondió, imponiéndose a los Texans, 21-13.

Temperatura bajo cero grados, una pertinaz nieve, la afición entregada… Nada mejor para inspirar a Aaron Rodgers y los Packers que un partido de estas características en Green Bay, obligados a ganar para mantener la persecución de los Lions en la División Norte de la NFC.

A pesar de las duras condiciones y de tener a un Rodgers renqueante dirigiendo el ataque, el cuadro local respondió, imponiéndose a los Texans, 21-13, para obtener su segunda victoria consecutiva y mejorar su marca a 6-6. Houston no pudo revertir una situación que comienza a ser enormemente complicada y, aunque todavía está a la cabeza de la División Sur de la AFC, su marca de 6-6 preocupa tras caer por tercera vez seguida.

Lo mejor de unos Packers que llevaban tres semanas seguidas jugando fuera de casa fue una defensa que, tras encajar 42 puntos en la jornada 11 en Washington, dejó al ataque rival en menos de 15 tantos por segunda semana seguida. Debido a la climatología, Rodgers se dedicó primordialmente a manejar el partido, equilibrando las acciones de pase (31) y carrera (26). El veterano quarterback local pasó para 209 yardas, dos touchdowns y ninguna intercepción, siendo su mejor receptor el wide receiver Jordy Nelson, quien atrapó ocho balones para 118 yardas. Green Bay sumó 110 por vía terrestre. Hasta seis jugadores corrieron con el balón, incluidos los wide receivers Ty Montgomery y Jeff Janis. Montgomery se ha convertido en un running back más para unos Packers que han intentado de la mejor forma posible hacer olvidar al lesionado Eddie Lacy.

Los Packers se adelantaron en el segundo cuarto, en un pase de nueve yardas lanzado por Rodgers a Randall Cobb. Con el 7-0 se llegó al descanso y Brock Osweiler dirigió un excelente drive en el tercer periodo, que concluyó con un lanzamiento al tight end Ryan Griffin (6 yardas), para empatar el partido. Este pase rompió una racha de Osweiler de ocho cuartos seguidos sin lanzar un envío de touchdown. El ataque de Houston volvió a estar errático. Su quarterback sumó 213 yardas aéreas pero, por vía terrestre, ningún running back alcanzó las 50 yardas.

En el último periodo Green Bay decidió el choque. El gran tiempo que la defensa visitante había pasado en el campo le pasó una dura factura y el cansancio se notó, permitiendo a Rodgers avanzar con mucha mayor comodidad. De esta manera, el pasador local conectó con Nelson en un lanzamiento de 32 yardas que daría una ventaja a los Packers que ya no perderían. El fullback Aaron Ripkowski remató la faena con una carrera de tres yardas que significó el primer touchdown por vía terrestre logrado por Green Bay en casa en sus últimos siete partidos.

Con una desventaja de catorce puntos, Osweiler dirigió un desesperado ataque, que concluyó con un lanzamiento de touchdown de 44 yardas a DeAndre Hopkins, quien no anotaba desde inicios de octubre. Tras fallar el extra point, Nick Novak intentó un onside kick que fue recuperado por Devante Adams y los Packers consumieron casi todo el que quedaba para la conclusión del choque (1:51), haciéndose con su sexta victoria de la temporada.

Falcons 28 – Chiefs 29

Dos intercepciones quirúrgicas sentenciaron a los Falcons

Aunque Atlanta tuvo la victoria en su mano hasta los minutos finales, los Chiefs fueron casi siempre mejores en ataque y defensa con un Eric Berry decisivo.

El partido fue una auténtica locura. Es verdad. Pero es tan cierto como que los Chiefs fueron casi siempre mejores y dominaron en el campo a los dos lados del balón. Atlanta estuvo a punto de llevarse la victoria más por la genialidad de su ataque, y por un último cuarto jugado a la desesperada, que por el auténtico rendimiento de cada uno.

Sin embargo, dentro de la ruleta rusa de emociones que puede esconder la realidad de lo sucedido, lo que nos quedará en la retina fueron dos intercepciones decisivas que costaron la victoria a Atlanta. Una al final de la primera mitad, cuando Matt Ryan intentaba romper el empate en el marcador a la desesperada, a falta menos de un minuto, y Eric Berry le robaba la cartera y firmaba un ‘pick six’. Del 13-13 se pasaba a un 13-20, y suerte que después, en escasos 37 segundos, Ryan fue capaz de enmendar de alguna manera el error acercando a su equipo a distancia de field goal, para que Matt Bryan metiera una impresionante patada de 59 yardas.

El segundo gran error tuvo a los mismos protagonistas. Quedaban cuatro minutos y medio y Aldrick Robinson anotaba un touchdown que adelantaba a su equipo 28-27. Los Falcons decidían intentar la conversión de dos para dejar a Kansas City a tres puntos, y que un posible field goal en contra forzara el tiempo extra. Sin embargo, el lanzamiento de Ryan a Hooper volvió a ser interceptado por Berry, que llevaba la pelota hasta la end zone contraria. Del posible 30-27 se pasaba a un 28-29 que le costaba la victoria a los locales. Kansas City no tuvo ningún problema para consumir los cuatro minutos y medio restantes y ganar el partido.

Entre esas dos jugadas decisivas, vimos a un equipo de Atlanta que empezó meteórico con un primer drive portentoso, con Freeman y Julio Jones jugando a sus anchas, pero que desde entonces ya nunca estuvo a gusto. Fundamentalmente, porque su línea ofensiva casi nunca pudo con Justin Houston, Tamba Hali, Chris Jones y compañía. Y menos desde que se lesionó su tackle derecho, Jake Matthews, que sufrió un esguince de rodilla. Con ese panorama, Matt Ryan no tenía tiempo para lanzar, y aunque aguantaba la pelota como un valiente hasta el último instante, siempre pasaba forzadísimo donde podía en vez de donde quería. Eso bajó muchos puntos el rendimiento de un ataque que todo el año ha basado su éxito en la capacidad de llevar siempre la iniciativa y que ante los Chiefs raras veces pudo poner su maquinaria en marcha.

No importa que Julio Jones volviera a superar las 100 yardas (113), que Ryan rozara las 300 de pase (297), que entre Freeman y Coleman superaran las 100 de carrera (el primero consiguió dos touchdowns terrestres)… Los números de ese ataque fueron muy parecidos a los de siempre, sin embargo, solo en series puntuales consiguieron que su juego se pareciera al que son capaces de desarrollar casi cada semana.

Enfrente, los Chiefs fueron todo lo contrario. Alex Smith tenía todo el tiempo del mundo para lanzar y, además, lo hacía con precisión y toda la mala intención del mundo. Andy Reid volvió loca a la defensa rival con una variedad de jugadas increíble que los Falcons nunca fueron capaces de interpretar. Además, el quarterback volvió a dar muestras de la transformación que le está convirtiendo este año en un jugador mucho más peligroso. Ahora no se limita a lanzar pases cortos y seguros. Mucho más agresivo, busca el pase profundo y le hizo un destrozo a Atlanta con su conexión con Travis Kelce. El tight end cogió 8 balones para 140 yardas y fue un dolor de cabeza imparable. Pero, además, la irrupción de Tyreek Hill le ha dado a este ataque el punto de genialidad y desparpajo que le faltaba. El rookie hace daño por tierra y aire, se revuelve en décimas de segundo, hace cambios de dirección que rompen una y otra vez la cintura a sus rivales, y tiene una aceleración casi sobrenatural.

Con esos ingredientes, y la infalibilidad de un Alex Smith que solo marró cuatro lanzamientos (21 de 25 para 270 yardas y un touchdown), la defensa de Atlanta casi siempre estuvo grogui. Y por si fuera poco, los Chiefs se sintieron tan superiores que intentaron dos cuartos downs que acabaron en touchdown. El primero puede parecer hasta lógico, porque estaban en la yarda 3 contraria. Pero el segundo fue en su propia yarda 45, cuando un engaño de punt terminó con una carrera de 55 yardas de Albert Wilson para touchdown.

Ahora, Atlanta está 7-5 y todo apunta a que tendrá por delante una dura batalla con Tampa para ganar su división y merecer una plaza en postemporada. Mientras, los Chiefs no solo se ponen 9-3, además dejan muy claro que ya tienen esa quinta marcha que antes les faltaba, y que ahora les convierte en auténticos y legítimos aspirantes a ganar el anillo.

Steelers 24 – Giants 14

Eli Manning se ha convertido en un lastre para los Giants

Los Steelers resolvieron el partido sin grandes sobresaltos mientras el quarterback de Nueva York era incapaz de mover el ataque de su equipo con criterio.

Definitivamente, Eli Manning se ha convertido en un lastre para sus Giants. Como si no se supiera el libro de jugadas y siempre estuviera improvisando. Como si hubiera perdido la coordinación con sus receptores y siempre soltara el balón medio segundo tarde. Como si no fuera capaz de interpretar los movimientos de la defensa. Como si sufriera hipermetropía, astigmatismo, vista cansada o inicio de cataratas…

Con tanto despropósito en la mochila, los Giants se ven obligados a jugar siempre encomendados a su defensa. Con velitas y novenas. Y claro, contra otros equipos se puede intentar, pero si tienes delante a los Steelers, así no hay manera.

No es que Pittsburgh empezara demasiado bien. Sus primeras series no fueron a ninguna parte. Pero tampoco había prisa. La inoperancia de Eli les daba margen de error. Tenían que caer. Y solo era cuestión de tiempo. Primero fue un safety por un holding dentro de la end zone de Nueva York, más tarde un field goal, el inevitable touchdown de Antonio Brown y, como quien no quiere la cosa, los ‘Señores del Acero’ estaban 11 puntos arriba, que lo de fallar la conversión de dos ya se ha convertido en chulería de millonario.

Al mismo tiempo, Eli estaba lanzando intercepciones en la end zone rival, mirando al infinito con gesto de incomprensión y preguntándose qué hace todavía jugando a eso a sus 35 años y con su hermano viéndole hacer el ridículo por la tele. Sus rivales, a otro rollo, metían un field goal más antes del descanso y se iban 14-0 con la tranquilidad de que aunque la defensa rival no perdía la cara al partido, el ataque parecía incapaz de mover las cadenas.

Para que los Giants volvieran a la vida hizo falta que LeVeon Bell, que se estaba pegando un auténtico festín (118 yardas de carrera y 64 de pase al final del partido), sufriera un fumble en su propia yarda 17. En la serie anterior Eli Maning no había sabido cómo completar un cuarta y una en la yarda 3 rival, pero esta vez sí encontró a Rashad Jennings para acercar a su equipo en el luminoso 14-7.

Los Steelers, sin inmutarse, apretaron lo justo el acelerador para atravesarse el campo y que terminara anotando Ladarius Green (21-7), que por fin empieza a parecerse al tight end con el que soñaban (110 yardas en 6 recepciones).

Quedaba más de un cuarto por delante, pero ya era imposible que pasara nada importante. El ataque de los Giants seguía sin mover las cadenas con algo de criterio. Todo eran pases de Eli sin ton ni son, que a veces llegaban a su destino y otras muchas se perdían. Y eso que Paul Perkins, su corredor novato, dejaba buenas sensaciones en algunas carreras meritorias. Pero en Nueva York este año lo de correr ni se plantea.

Además, McAdoo se desesperaba y comenzaba a jugarse cuartos downs en cada serie, que acababan con pases interceptados o sacks inevitables. Quizá con algo más de paciencia, los Giants podrían haber puesto algo más de tensión a un partido en el que sobró la segunda parte.

En los últimos minutos aún anotó Pittsburgh un field goal y Eli condujo un ataque existoso en cuanto la secundaria dio un poco de aire a los receptores, pero el touchdown de Shepard solo sirvió para hinchar las estadísticas del quarterback, y maquillar la realidad de que se esté convirtiendo en un lastre para los Giants.

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