Megacombo de Noticias AS NFL (II)

Los Giants ganan a Lions con otra exhibición defensiva

Los de Nueva York dan un paso de gigante, quizás el definitivo, para meterse en playoff al anular, por completo, a otro equipo, en este caso el de Detroit.

La semana pasada los Dallas Cowboys anotaron 7 puntos; uno de los ataques más explosivos de la NFL se quedó en esa pírrica cifra a pesar de tener el partido a tiro toda la tarde. Hoy los Detroit Lions ni siquiera llegaron a eso y sólo pudieron sumar 6 puntos; es la primera vez en la temporada en la que no son capaces de anotar ni un touchdown. ¿Qué tienen en común ambos acontecimientos? Exacto: los New York Giants.

Los Giants volvieron a tirar de su extraordinaria defensa para desarmar a sus rivales, poner el 10 en la columna de victorias y dar un paso de gigante, posiblemente el definitivo, para clasificarse para playoffs.

Es una hermosura lo de esta defensa. En la agencia libre, y también en el draft, se gastaron los cuartos y los recursos para dar la vuelta a una unidad que era una calamidad. Y, oye, todo bien invertido, porque el rendimiento del grupo es absoluta élite. Y ya se sabe que cuando el general invierno llama a las puertas de la NFL son las defensas las que más victorias aseguran.

Anotaron los Giants 17 puntos que contrarrestar los 6 de los Lions. Lo hicieron en los extremos. Al inicio del partido, con un drive inicial fantástico que remató el no menos fantástico rookie Sterling Shepard con una recepción que puso por delante a su equipo, posición que ya no abandonarían en toda la tarde. El segundo, y definitivo, sucedió en el último cuarto, con una recepción a una mano de Odell Bekcham que hizo bueno un muy mediocre pase de Eli Manning.

Y eso que el QB tuvo un partido, digamos, decente. Por porcentaje de completados, 20 de 28, sería muy bueno, y si sumamos que fue el mejor inicio de partido de su carrera, con los 11 primeros intentos convertidos, casi que podríamos ponerle el notable. Pero sería incierto. El ataque, limitado, vivió más de un sorprendente juego de carrera, que por primera vez en eones pasó de las 100 yardas. Le hizo mucho bien a esta OL el retorno de Justin Pugh.

En el medio, todo fue defensa. Y eso que Janoris Jenkins, uno de los mejores cornebacks del año, se lesionó por fuego amigo y dejó a su equipo noqueado de forma temporal. Matthew Stafford aprovechó para lanzar una bomba a Golden Tate que acabó siendo la mejor jugada ofensiva del encuentro para ellos.

Habría que sumar tres factores que podrían haber sido claves en la falta de anotación de Detroit. El primero sería el viento y la lluvia, que se acepta con reservas. El segundo sería el maltrecho de Stafford, que se niega de forma categórica porque, aunque le obligó a jugar en shotgun de forma perenne, no le limitó en los lanzamientos más allá de un gameplan ajustado a la circunstancia. Y el tercero, este sí legítimo, un par de pérdidas de balón claves.

Sobre todo la primera, en el segundo cuarto. Justo después de la big play referida a Golden Tate quien, por cierto, acabó con 122 yardas, los Lions iban a anotar. Un fumble en la end zone acabó con sus sueños. La segunda, ya a la desesperada, fue una intercepción, también en la end zone, rematada por Dominique Rodgers-Cromartie.

La derivada de este resultado es muy clara: los Giants estarán en playoff, los Lions tendrán que ganárselo frente a los Packers en la última semana de la temporada regular. Y New York, eso no es noticia, tiene una defensa digna de Super Bowl. Y con eso ya tienes mucho a tu favor.

Los Bills siguen vivos tras ganar a unos Browns incapaces

Buffalo amaneció con la guillotina sobre la cabeza de su entrenador, Rex Ryan, pero el equipo de Cleveland está, en 2016, para resucitar muertos.

Amaneció Buffalo, en el día en el que los Cleveland Browns les rendían visita, con la sensación de que su entrenador, Rex Ryan, tiene los días contados. Es una sensación común los últimos domingos, plenos de filtraciones y rumores al respecto que, no os quepa duda, agua llevan. Pero es sencillo lanzarse a filtrar a los periodistas amigos que se va a despedir al histriónico entrenador en caso de derrota cuando lo que se tiene enfrente en el campo es el desesperado grupo que lleva un 0 en la columna de victorias.

Es así que los Bills siguen vivos en la pelea por los playoffs. Vivos, aunque sea con respiración asistida y opciones sólo en el mundo de la matemática y la estadística, que no en el mundo físico. Y es así que, supongo, Rex Ryan seguirá en el puesto una semana más, a la espera del ya inevitable final. Porque ganaron 33-13 a los Browns. Oh, épico.

La trama en sí tiene poco que contar. LeSean McCoy, reducido a unas miserables 27 yardas la semana pasada, se pegó el gustazo de irse a 153 yardas y dos touchdowns en 19 carreras. En 19 carreras, amigos. Porque lo que se le ponía delante era un grupo de once hombres desesperados, desesperanzados, sin opción alguna. El juego aéreo de los Bills, como es de esperar, dio poquito de sí y, la verdad, tampoco fue requerido en ningún momento.

En el otro lado del balón, Robert Girffin III tuvo un momento de epifanía al inicio del tercer cuarto, cuando el marcador aún estaba en distancia de legítima esperanza, y corrió y pasó como en sus mejores momentos. Fue un chispazo, una fugaz visión del sueño que suponía este jugador para los aficionados. Sirvió para que el mismo anotase, por tierra, un bello touchdown. Y, después, la nada. Como antes. Porque nadie puede hacer a este grupo funcionar de forma sostenible: no tienen talento suficiente como para competir en la NFL, y eso, que tardó cuatro o cinco semanas en ser del todo evidente, es ahora una verdad insoslayable.

Un par de datos rematan un partido que, de otra manera, nadie recordará. Uno es que McCoy ha conquistado su quinta temporada pasando de las 1000 yardas. Bien por él. Es uno de los mejores corredores de la NFL y, casi sin exagerar, el motivo por el que Buffalo tiene siete victorias con aún dos jornadas de temporada regular por disputarse.

El otro es que los Bills han roto un récord histórico de la franquicia al llegar a los 27 touchdowns de carrera en una temporada. Pues muy bien.

En el fondo, nada de todo lo anterior es sorprendente ni, y esto es lo más importante, cambia nada la temporada de todos los implicados: los Bills no irán a playoff, los Browns casi seguro acabarán 0-16 y Rex Ryan se irá a la calle

Un patadón de Succop da una victoria milagrosa a Tennessee

El kicker de los Titans anotó una patada de 53 yardas en el último segundo, para firmar una remontada increíble en un choque que perdían 14-0 en el primer cuarto.

53 yardas de patadón interminable, y por duplicado. Un vuelo increíble e imposible que culminó la remontada de unos Titans que siempre creyeron, y que lo merecieron, ante unos Chiefs que empezaron arrollando y terminaron sucumbiendo por no saber dar la puntilla cuando pudieron, y por no saber cómo hacerlo cuando quisieron.

Un epílogo impensable tras un inicio arrollador, en el que Tyreek Hill puso la fantasía cunado solo se habían jugado tres minutos. Una carrera de 68 yardas que dejaba un reguero de genialidad a su paso y que parecía marcar el partido. Y más cuando una pérdida de balón de Tennessee abría la puerta a la segunda anotación de Kansas, con Alex Smith entrando en la end zone como Pedro por su casa. Y más cuando Jeremy Maclin volvía con hambre de football para convertirse en estilete y arma arrojadiza. Y más cuando Spencer Ware sembraba de cadáveres la tierra. Y más cuando la defensa se sentía cómoda pese al concierto percutor de Murray y Henry y la baja inevitable de Derrick Johnson. Y más…

Los Titans, como un muñeco, danzaban al son de sus rivales. Pero entre sueños de derrota voló un balón, de Mariota a Matthews, que para unos fue despertador, y para otros aviso. Touchdown inexplicable de Henry que apretaba el marcador 14-7 y avisaba a los Chiefs de que no tenían todo hecho.

Aunque la realidad es que los Chiefs, soberbios, dieron por concluido su partido justo antes del descanso, con una patada de Santos que dio a su equipo la tranquilidad que quizá terminó por matarle. 17-7 en el descanso. Dos anotaciones por delante. Pocos equipos saben administrar una ventaja así como los Chiefs. Pero los dos últimos cuartos se les hicieron demasiado largos.

Tras la reanudación, los Chiefs empezaban entonados, pero se ahogaban en la orilla. Primero tras no jugarse un cuarta y tres en la 37 rival. Para terminar regalando un touchback. Después devolviendo un regalo de Mariota, con otro regalo de Alex Smith. Una intercepción homicida convertida en inofensiva y a la larga en decisiva para el devenir del partido.

Porque por una razón inexplicable, ese robo de balón de Sims en su propia end zone, y en la mismísima cara de Maclin, fue como un despertador que trajo de vuelta a los Titans. Con Murray corriendo donde se abrían las aguas y Mariota encontrando los pases que no había sabido ver en los tres cuartos anteriores. Tennessee se metió en el partido a falta de doce minutos con una patada de Succop, que a esas alturas no podía ni soñar con que se convertiría en el gran héroe del partido.

Los Chiefs querían dormir el partido, pero no sabían como hacerlo. Se les había olvidado mientras retrasaban dar la puntilla a sus rivales. Y los Titans, con el camino ya claro, volvían a resucitar gracias a una interferencia defensiva y una recepción milagrosa de Murray en cuarto down.

Pero el touchdowns posterior de Henry terminaba en polémica y aparente suicidio. Mularkey decidía jugarse la conversión de dos, con tres minutos por jugar. Todo o nada en un pase de Mariota que no voló a ninguna parte.

Este año hemos visto cómo los Chiefs consumen los minutos finales sin necesidad de esforzarse. Pero de forma inexplicable, esta vez no lo lograron. Tres y fuera de impotencia y un minuto para Tennessee. Para que Mariota llegara a la 35 y Succop diera la patada.53 yardas interminables y por duplicado. Ambas veces por el centro y con seguridad pasmosa. La misma casi certeza de que Tennessee y Houston se jugarán el futuro el primer día del año en un duelo a vida o muerte. Y la misma certeza de que los Chiefs deben aprender a matar si no quieren morir en enero, cuando la NFL deja de ser liga, y se convierte en jungla.

Seahawks logra un triunfo feo y brillante, como su uniforme

Seattle logró su tercer título divisional en cuatro años al vencer 24-3 a unos Los Angeles Rams demasiado generosos

Nuevo uniforme, nuevo head coach, los mismos viejos Rams. Repletos de errores, mala ejecución y, tal vez, un poco deslumbrados por la vestimenta de los Seahawks, Los Ángeles Rams hicieron todo lo posible por entregarle el juego a Seattle.

Bueno, pues misión cumplida.

Los Seahawks gustosos aceptaron los regalos y de paso sellaron su boleto a la postemporada, con su tercer título del Oeste de la NFC en las últimas cuatro temporadas.

No fue bonito, con ese uniforme nada lo es. Pero al igual que su vestimenta, fue un brillante partido ante un equipo inofensivo. Russell Wilson lanzó tres pases de touchdown, la defensiva capturó en cinco ocasiones a Jared Goff hasta sacarlo del partido y los Seahawks se impusieron 24-3 a los Rams en el debut como coach interino de  John Fassell.

De la manera en que ejecutaron los Rams, es difícil culpar al despedido Jeff Fisher de la marcha de 4-10 del equipo. Goff falló un pase a un completamente desmarcado Brandon Quick en tercera y una yarda por avanzar en el primer cuarto. Todd Gurley no consiguió mover las cadenas en la siguiente jugada y los Rams se fueron en blanco.

De ahí, Wilson montó una ofensiva de 93 yardas hasta las diagonales, no sin antes recibir una valiosa ayuda de los generosos Rams.

En cuarto down y una yarda, Wilson lanzó un pase incompleto. Pañuelo en el campo, “quitarrisas”. Alex Ogletree sujetó a Luke Wilson y los Rams supieron aprovechar a la siguiente jugada con la conexión Wilson-Wilson para ocho yardas y siete puntos.

Eso resultaría suficiente de la manera en que Goff se mantuvo presionado e impreciso toda la velada.

Pero no, los Rams no habían terminado con la entrega de regalos. Faltaba el “engaño” de despeje en cuarta y 14 yardas por avanzar que terminaría con el pase incompleto de Johnny Hekker a Michael Thomas para entregar el balón en su propia yarda 30. Cuatro jugadas después, Steven Hauschka puso la pizarra 10-0.

Los Seahawks abrieron el juego a mediados del tercer periodo, cuando Bryce Hager no pudo quedarse con una intercepción de Wilson en la zona de anotación y luego Russell Wilson encontró a Doug Baldwin para colocar el marcador 17-3, con lo que aniquilaron cualquier aspiración de los Rams.

No es que hayan tenido muchas de la manera en que jugó su ofensiva. Los Ángeles apenas logró 173 yardas totales y 47 de ellas fueron por la vía terrestre. De no ser por los 13 castigos para 96 yardas de los Seahawks el resultado habría reflejado de una mejor manera el dominio de Seattle.

Wilson (19 de 26 para 229 yardas) cerró la cuenta con una conexión de 57 yardas a la zona prometida con la primera jugada del cuarto periodo de un triunfo costoso para Seattle. Michael Bennett y el punter Jon Ryan dejaron el juego para ingresar al protocolo de conmoción por fuertes golpes en la cabeza, el de Ryan luego de completar una carrera de 33 yardas en un exitoso engaño de patada.

La audición de Fassell para quedarse de manera permanente con el puesto no pudo iniciar de peor manera, los Rams no mostraron pies ni cabeza y hay muchos aspectos que mejorar, especialmente en ofensiva. Goff completó 13 de 25 para 135 yardas y sigue sin demostrar su condición de primera selección global, mientras que Todd Gurley, 38 yardas en 14 acarreos, sufre de una terrible regresión en su segundo año en la NFL.

Los Bills siguen vivos tras ganar a unos Browns incapaces

Buffalo amaneció con la guillotina sobre la cabeza de su entrenador, Rex Ryan, pero el equipo de Cleveland está, en 2016, para resucitar muertos.

Amaneció Buffalo, en el día en el que los Cleveland Browns les rendían visita, con la sensación de que su entrenador, Rex Ryan, tiene los días contados. Es una sensación común los últimos domingos, plenos de filtraciones y rumores al respecto que, no os quepa duda, agua llevan. Pero es sencillo lanzarse a filtrar a los periodistas amigos que se va a despedir al histriónico entrenador en caso de derrota cuando lo que se tiene enfrente en el campo es el desesperado grupo que lleva un 0 en la columna de victorias.

Es así que los Bills siguen vivos en la pelea por los playoffs. Vivos, aunque sea con respiración asistida y opciones sólo en el mundo de la matemática y la estadística, que no en el mundo físico. Y es así que, supongo, Rex Ryan seguirá en el puesto una semana más, a la espera del ya inevitable final. Porque ganaron 33-13 a los Browns. Oh, épico.

La trama en sí tiene poco que contar. LeSean McCoy, reducido a unas miserables 27 yardas la semana pasada, se pegó el gustazo de irse a 153 yardas y dos touchdowns en 19 carreras. En 19 carreras, amigos. Porque lo que se le ponía delante era un grupo de once hombres desesperados, desesperanzados, sin opción alguna. El juego aéreo de los Bills, como es de esperar, dio poquito de sí y, la verdad, tampoco fue requerido en ningún momento.

En el otro lado del balón, Robert Girffin III tuvo un momento de epifanía al inicio del tercer cuarto, cuando el marcador aún estaba en distancia de legítima esperanza, y corrió y pasó como en sus mejores momentos. Fue un chispazo, una fugaz visión del sueño que suponía este jugador para los aficionados. Sirvió para que el mismo anotase, por tierra, un bello touchdown. Y, después, la nada. Como antes. Porque nadie puede hacer a este grupo funcionar de forma sostenible: no tienen talento suficiente como para competir en la NFL, y eso, que tardó cuatro o cinco semanas en ser del todo evidente, es ahora una verdad insoslayable.

Un par de datos rematan un partido que, de otra manera, nadie recordará. Uno es que McCoy ha conquistado su quinta temporada pasando de las 1000 yardas. Bien por él. Es uno de los mejores corredores de la NFL y, casi sin exagerar, el motivo por el que Buffalo tiene siete victorias con aún dos jornadas de temporada regular por disputarse.

El otro es que los Bills han roto un récord histórico de la franquicia al llegar a los 27 touchdowns de carrera en una temporada. Pues muy bien.

En el fondo, nada de todo lo anterior es sorprendente ni, y esto es lo más importante, cambia nada la temporada de todos los implicados: los Bills no irán a playoff, los Browns casi seguro acabarán 0-16 y Rex Ryan se irá a la calle.

Los Jaguars despiden a Gus Bradley tras una nueva derrota

Esta campaña, parecía que el equipo tenía los mimbres para levantar cabeza y luchar por la División Sur de la AFC pero las cosas han ido de mal en peor.

Tras Jeff Fisher (Rams), Gus Bradley se ha convertido en el segundo entrenador principal en ser despedido esta semana en la NFL. La derrota sufrida hoy en Houston, donde los Jaguars desperdiciaron una ventaja de doce puntos en la segunda mitad ante los Texans para acabar perdiendo 21-20, ha sido la gota que ha colmado el vaso de la paciencia del propietario del club, Shad Khan. Hoy, en Houston, los Jaguars perdieron su noveno partido consecutivo para caer a una marca de 2-12. Curiosamente, esta temporada Jacksonville ha ganado los mismo partidos en Inglaterra (1) que en Londres.

Bradley, quien fuera un exitoso coordinador defensivo con los Seattle Seahawks, fue fichado a principios de 2013 por el general manager Dave Caldwell, a quien Khan había contratado días antes para iniciar una reforma dentro de la franquicia. Casi cuatro temporadas más tarde, los Jaguars tienen los mismo problemas que cuando llegaron Caldwell y Bradley, quienes han conseguido una pobre marca de 14 victorias y 48 derrotas.

Esta campaña, parecía que el equipo tenía los mimbres para levantar cabeza y luchar por la División Sur de la AFC, una de las más endebles de la NFL, pero las cosas han ido de mal en peor. Bradely, un excelente coordinador defensivo y gran motivador, no ha podido con el trabajo de head coach y las aportaciones individuales y colectivas de los Jaguars han estado muy por debajo de lo esperado, especialmente la del quarterback Blake Bortles, seleccionado por Caldwell en la primera ronda del draft de 2014, quien hoy pasó para menos de 100 yardas y no pudo lanzar un solo envío de touchdown

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