Megacombo de Noticias AS NFL (III)

Seahawks logra un triunfo feo y brillante, como su uniforme

Seattle logró su tercer título divisional en cuatro años al vencer 24-3 a unos Los Angeles Rams demasiado generosos

Nuevo uniforme, nuevo head coach, los mismos viejos Rams. Repletos de errores, mala ejecución y, tal vez, un poco deslumbrados por la vestimenta de los Seahawks, Los Ángeles Rams hicieron todo lo posible por entregarle el juego a Seattle.

Bueno, pues misión cumplida.

Los Seahawks gustosos aceptaron los regalos y de paso sellaron su boleto a la postemporada, con su tercer título del Oeste de la NFC en las últimas cuatro temporadas.

No fue bonito, con ese uniforme nada lo es. Pero al igual que su vestimenta, fue un brillante partido ante un equipo inofensivo. Russell Wilson lanzó tres pases de touchdown, la defensiva capturó en cinco ocasiones a Jared Goff hasta sacarlo del partido y los Seahawks se impusieron 24-3 a los Rams en el debut como coach interino de  John Fassell.

De la manera en que ejecutaron los Rams, es difícil culpar al despedido Jeff Fisher de la marcha de 4-10 del equipo. Goff falló un pase a un completamente desmarcado Brandon Quick en tercera y una yarda por avanzar en el primer cuarto. Todd Gurley no consiguió mover las cadenas en la siguiente jugada y los Rams se fueron en blanco.

De ahí, Wilson montó una ofensiva de 93 yardas hasta las diagonales, no sin antes recibir una valiosa ayuda de los generosos Rams.

En cuarto down y una yarda, Wilson lanzó un pase incompleto. Pañuelo en el campo, “quitarrisas”. Alex Ogletree sujetó a Luke Wilson y los Rams supieron aprovechar a la siguiente jugada con la conexión Wilson-Wilson para ocho yardas y siete puntos.

Eso resultaría suficiente de la manera en que Goff se mantuvo presionado e impreciso toda la velada.

Pero no, los Rams no habían terminado con la entrega de regalos. Faltaba el “engaño” de despeje en cuarta y 14 yardas por avanzar que terminaría con el pase incompleto de Johnny Hekker a Michael Thomas para entregar el balón en su propia yarda 30. Cuatro jugadas después, Steven Hauschka puso la pizarra 10-0.

Los Seahawks abrieron el juego a mediados del tercer periodo, cuando Bryce Hager no pudo quedarse con una intercepción de Wilson en la zona de anotación y luego Russell Wilson encontró a Doug Baldwin para colocar el marcador 17-3, con lo que aniquilaron cualquier aspiración de los Rams.

No es que hayan tenido muchas de la manera en que jugó su ofensiva. Los Ángeles apenas logró 173 yardas totales y 47 de ellas fueron por la vía terrestre. De no ser por los 13 castigos para 96 yardas de los Seahawks el resultado habría reflejado de una mejor manera el dominio de Seattle.

Wilson (19 de 26 para 229 yardas) cerró la cuenta con una conexión de 57 yardas a la zona prometida con la primera jugada del cuarto periodo de un triunfo costoso para Seattle. Michael Bennett y el punter Jon Ryan dejaron el juego para ingresar al protocolo de conmoción por fuertes golpes en la cabeza, el de Ryan luego de completar una carrera de 33 yardas en un exitoso engaño de patada.

La audición de Fassell para quedarse de manera permanente con el puesto no pudo iniciar de peor manera, los Rams no mostraron pies ni cabeza y hay muchos aspectos que mejorar, especialmente en ofensiva. Goff completó 13 de 25 para 135 yardas y sigue sin demostrar su condición de primera selección global, mientras que Todd Gurley, 38 yardas en 14 acarreos, sufre de una terrible regresión en su segundo año en la NFL.

Tom Savage salva a los Houston Texans y hunde a Osweiler

Bill O’Brien toma una de las decisiones más duras y comprometidas de la temporada al enviar al banquillo a su multimillonario QB.

Los Texans se jugaban mucho en Houston contra los débiles Jaguars. Tras el triunfo registrado la semana pasada en Indianapolis, a priori el duelo de hoy parecía sencillo. Sin embargo, las cosas se complicaron enormemente para el cuadro local, que vio peligrar el liderato de la división cuando Jacksonville se puso por delante, 13-0, en el segundo cuarto.

El pésimo inicio de partido del quarterback Brock Osweiler llevó a su entrenador, Bill O’Brien, a cambiarlo en la primera mitad después de que lanzara dos intercepciones de forma consecutiva. Su sustituto, Tom Savage, quien jugaba su tercer partido en la NFL, fue el revulsivo que O’Brien esperaba. Savage, que concluyó el duelo con 260 yardas de pase, dirigió cinco drives anotadores. Cuatro de ellos concluyeron en field goals y el último en el touchdown que remontó el duelo y acabó dando una victoria agónica a Houston por 21-20. La anotación decisiva fue lograda por el running back Lamar Miller, en una carrera de un yarda, cuando quedaban menos de tres minutos para la conclusión del partido. Miller, que sumó 63 yardas por vía terrestre en 22 intentos, se retiró lesionado del tobillo en el siguiente drive. La entrada de Savage también devolvió la alegría al wide receiver estrella del equipo local, De Andre Hopkins, quien atrapó ocho balones- todos ellos lanzados por el quarterback sustituto- para 87 yardas.

Además de en la efectividad en los chuts de Nick Novak (cuatro field goals en las mismas oportunidades y el extra point que rompió el empate a 20), el triunfo de los Texans se basó en una excelente defensa que maniató al quarterback visitante, Blake Bortles, en solo 98 yardas de pase, interceptándole el último envío que lanzó en el choque para sentenciar el envite. Jacksonville perdió su noveno partido consecutivo, cayendo a una triste marca de 2-12. Houston está ahora con 8-6. El triunfo permitió a los Texans mantenerse empatados a la cabeza de la División Sur de la AFC con los Titans. Como Houston ha ganado más partidos dentro de la división, depende de sí mismo y una victoria en la última jornada de la campaña, en Tennessee, le daría de nuevo el pase a los playoffs.

O’Brien acierta sentando a Osweiler, pero pagará por ello

El entrenador de los Houston Texans fue valiente al quitar la titularidad a su QB, aunque eso mete a la franquicia en un enorme problema.

Bill O’Brien tomo ayer una de las decisiones más complejas de la temporada en la NFL: sentó a Brock Osweiler en favor de Tom Savage. Es difícil encontrar un instante de más valentía en el curso que el que protagonizó el entrenador de los Houston Texans.

Y, como suele ocurrir con las decisiones valientes, acertó aunque eso pueda llevarle a perder su propio puesto de trabajo a medio plazo.

Brock Osweiler ha tenido un año muy malo. Su quarterback rating sólo es superado en inutilidad por Ryan Fitzpatrick, que lo dice todo. Es el tercero en intercepciones. El vigésimo séptimo en tanto por ciento de pases completados. El peor, de todos los titulares, en yardas por intento de pase. Y eso dentro de un equipo que, ahora mismo, marcha con ocho victorias y seis derrotas en la cima de la AFC Sur y con los playoffs al alcance de la mano.

Ayer, a modo de guinda, los Jacksonville Jaguars, equipo desesperado y desesperante, les iba ganando por 13 a 0 y Osweiler ya había cometido dos pérdidas de balón en el momento en el que fue relevado de sus obligaciones.

En corto: sentarle era lo más lógico desde un punto de vista deportivo.

Bill O’Brien es entrenador de football, así que su lógica deportiva es intachable. De hecho, quizás hasta llegue un poco tarde esta bajada del QB en el escalafón del equipo. Con la temporada en el alero decidió que, para ganar, lo mejor era que Tom Savage intentase algo diferente porque con Osweiler el barco se iba a pique sin remisión.

Y acertó. Sin duda. El equipo remontó y se llevó una victoria imprescindible para su salud en las dos jornadas que quedan.

Pero, O’Brien no es sólo entrenador de football: es entrenador de la NFL. Y aquí es donde el asunto se complica tanto como para imaginar que, en el instante en que decidió que Savage entraba por Osweiler, o estaba con un subidón absoluto, enajenada la razón por una necesidad primaria de supervivencia instantánea, o le había dado tantas vueltas que ya no pudo pensar un instante más en las consecuencias.

Y es que los Texans le han dado en esta agencia libre 72 millones de dólares por los próximos cuatro años, con 37 de ellos garantizados. Meter eso en el banquillo es, sencillamente, decidirte a jugar con una mano atada en la espalda.

O’Brien sabe que este tipo de decisiones no suelen tener una fácil vuelta atrás. Una vez demonizado el jugador, señalado por prensa y aficionados, sería difícil de entender el camino inverso. Es decir, todo lo que no sea que Tom Savage salga de titular el próximo sábado sería una sorpresa. Siendo así, Osweiler ha pasado a ser uno de los reservas mejor pagados de la NFL.

El espacio salarial en la NFL es un asunto sagrado. Su manejo es esencial para competir al máximo nivel. Somos testigos de la tremenda igualdad de la competición y de cómo los equipos cambian de rol de un año para otro. Los 18 millones de dólares de Osweiler son una absoluta losa para los Texans. No pueden competir partiendo de tener 18 millones de dólares menos que sus rivales. El espacio salarial es el bien más preciado, el más escaso, el más sensible: un error de estas características de hunde porque tu clase media deja de serlo, porque esos jugadores que cobran 5, 6, 7 millones de dólares tienen que pasar a cobrar 2, 3, 4 y, entonces, los demás equipos tienen la opción de adelantarte por la derecha sin intermitente.

Cualquier posibilidad de traspaso queda enterrada, de la misma forma, por esta decisión. Por si no era evidente que el jugador no merecía su actual sueldo, el hecho de sacarle del terreno de juego añade un plus de devaluación que le convierte en un objeto de imposible movimiento en el mercado.

La decisión a medio plazo de O’Brien es potencialmente ulcerosa. Les limita en las construcción de la plantilla, amén de convertir la convivencia dentro del vestuario en un problema. Dijo el entrenador que él no se fijaba en cuanto cobraban los jugadores para tomar decisiones deportivas, pero eso no es verdad en absoluto. No lo es y no lo puede ser. No sería inteligente. Porque ha de ser consciente que el futuro de su puesto de trabajo estará lastrado por -18 millones de dólares, y eso no le servirá de excusa cuando presente su resumen anual.

Para él, de forma egoísta, hubiese sido más cómodo aguantar, ver hasta donde llegaban con el actual esquema y hacer un balance final en el que las decisiones del general manager, Rick Smith, y su gestión fuesen evaluadas en conjunto. Osweiler le serviría, que duda cabe, de escudo protector ante las críticas. Sin embargo, ha declinado esa seguridad por un mayor porcentaje de opción de victoria.

Lo que ha sucedido es que lo deportivo ha gritado tan alto, tan fuerte, que el problema subsiguiente, el que habrá que resolver pasado marzo, ha quedado convertido en un rumor lejano. Es por eso que O’Brien acierta, porque el equipo va a ser mejor hoy que ayer. Y es muy probable que, a medio plazo, también acierte por lo que ha demostrado de coraje, de valentía. Pero que nadie olvide que el problema, y es gigantesco, estará ahí cuando se despierten de la resaca de esta temporada, acabe como acabe.

Chargers 16 – Raiders 19

Los Raiders vuelven a playoffs por primera vez desde 2002

Oakland recupera el liderato de la AFC Oeste con una sufrida victoria sobre los San Diego Chargers en la que mandaron las defensas.

Trece años. Eso es lo que han tenido que esperar los Oakland Raiders para volver a estar en playoffs de la NFL. La sequía ha terminado. Y lo ha hecho en frente de un público amigo: el de San Diego, que parecía ser el ‘black hole’ durante la mayor parte de la tarde.

No fue fácil, como no suele serlo en esta franquicia. Ganaron 19 a 16 a los Chargers y necesitaron de la heroica en los momentos decisivos para rematar el triunfo. Pero, como ha solido pasar en todos los finales igualados de la temporada, los de San Diego echaron una mano para que la historia tuviese felicidad… para los que no son los Chargers, claro.

Fue tras un ‘goal line stand’ de San Diego que el partido se rompió. Farrow, el corredor de los Chargers, había cometido un fumble en su propia yarda 13. Un poco común error en un partido que sólo iba 16-13. Pero los Raiders tienen una muy evidente limitación en su juego de ataque, y es que la lesión de Derek Carr, su QB, en el dedo les obliga a mostrarse, en cada jugada, en posición shotgun, y así el juego de carrera se resiente una enormidad. Sobre todo en la red zone. De ahí que los Chargers pudieron pararles y limitar daños a un field goal.

Les dio igual: fue el pistoletazo de salida de la locura final. San Diego fue parada, Oakland avanzó con una gran posición de campo, el equipo ganó un challenge que les dio un crucial primer down y, de nuevo, a chutar el field goal. 19-16 y 2:40 por jugar. Ahí, la presión de la línea defensiva de los Raiders fue total y forzaron sacks, golpes y una interecepción en cuarto down a Philip Rivers, sumada por Reggie Nelson, que finiquitó el encuentro.

Es de justicia poética que fuese el juego de la línea defensiva el que marcase esa acción. Porque ambas DLs, ambas, fueron muy superiores al resto de sus compañeros y rivales sobre el campo. Fueron ellas las que sellaron los pockets y evitaron las big plays, las que dieron una noche de pesadilla tanto a Carr como a Rivers.

San Diego anotó dos touchdowns pero fueron, en ambos casos, al inicio del partido y del tercer cuarto, lo que indica que tenían un plan en mente que funcionó una vez y, luego, los ajustes de los Raiders les limitaron. Les anularon, de hecho.

Oakland, sin embargo, sufrió el vértigo, la responsabilidad, de lo que había en juego. Sólo así se explica que en la primera mitad no pegasen más que un punt y que todas las demás veces llegasen a la red zone… de donde salían o con un field goal o perdiendo el balón, una vez con un fumble y otra con una interecepción.

Su touchdown llegó en las postrimerías de la primera mitad con un buen pase de Carr y una extraordinaria recepción de Michel Crabtree.

La segunda mitad les vio mucho más empantanados. Nerviosos, quizás. O acogotados por los Bosa, Ingram y compañía, más probablemente.

El caso es que les srivió para la épica final el saber que estaban a punto de acabar con toda una maldición como es no pisar la postemporada desde 2002. Demasiado tiempo para unos históricos. Han tenido que llegar estos chavales para arreglarlo.

Los Packers escapan con vida de Chicago y controlan su destino

En un final de infarto, que necesitó de la magia de Aaron Rodgers, el equipo de Green Bay pudo dar el giro definitivo a su temporada.

Bajo una temperatura de -11 grados en Chicago, Aaron Rodgers completó en tercer down y sin tiempos muertos un larguísimo pase de 60 yardas a Jordy Nelson, dejando a Green Bay en posición para que Mason Crosby, dos jugadas más tarde y sobre la bocina, convirtiera un field goal de 32 yardas que rompió un último empate para dar a los Packers una victoria por 30-27 sobre unos admirables Bears que pusieron las cosas muy complicadas a sus eternos rivales.

Gracias a la derrota de los Lions (9-5) en Nueva York contra los Giants, los Packers (8-6) obtendrían el título de la División Norte de la NFC si salen victoriosos en los dos enfrentamientos que les quedan por disputar esta temporada: en casa frente a los Vikings y en Detroit contra los Lions. Aunque Detroit se impusiera a Dallas en la penúltima jornada de la campaña, Green Bay forzaría la igualdad a la cabeza de la división, con una marca de 10-6, y se impondría en el primer criterio de desempate, ya que habría ganado al cuadro del estado de Michigan los dos partidos jugados entre ambos equipos.

A pesar de que los Bears están hundidos en la última posición de la división, no se lo pusieron nada fácil a los Packers. Tras una primera mitad en que ambos equipos intercambiaron field goals y touchdowns, llegando al descanso con un marcador de 10-10, Green Bay logró 17 puntos de forma consecutiva en el tercer periodo para escaparse en el tanteador, 27-10. Tanto la defensa visitante como Ty Montgomery jugaron un papel clave en esta parte del choque. La retaguardia de Green Bay interceptó tres pases al quarterback local, Matt Barkley, y provocó un fumble. En sus últimos dos partidos, los Packers han forzado 10 turnovers y no han sufrido ninguno. Montgomery, que comenzó la temporada como wide receiver, está realizando un gran papel en el backfield del conjunto del estado de Wisconsin. En Chicago, tuvo su mejor actuación como corredor, firmando 162 yardas y dos anotaciones. El otro touchdown de los Packers también llegó en una acción de carrera, en esta ocasión obra de Christine Michael. El ataque visitante supo adaptarse al gélido escenario, sumando 226 yardas por vía terrestre en el choque.

Sin embargo, los Bears no se rindieron. Ante el delirio de la afición, Barkley dirigió tres drives anotadores para empatar el encuentro en el último cuarto con 1:19 por jugarse. El quarterback que se forjó en la Universidad del Sur de California ha traído sin duda nuevas esperanzas a Chicago, tras dos excelentes actuaciones. Barkley concluyó el duelo con 362 yardas de pase y dos touchdowns. Dos de sus jóvenes wide receivers, Deonte Thompson y Cameron Meredith, superaron las 100 yardas de recepción, firmando 110 y 104 respectivamente. El espectacular running back de primer año, Jordan Howard, también brilló en el cuadro local, logrando 90 yardas de carrera y un touchdown en 17 intentos.

Tras el empate a 27, la defensa de los Bears controló bien a Rodgers en las primeras jugadas del último drive, pero el quarterback volvió a mostrar su excelente precisión en envíos largos, conectando el pase con Nelson que acabó dando a los Packers su cuarto triunfo seguido. Rodgers concluyó el partido con 252 yardas de pase, de las cuales 124 fueron sumadas por Nelson en siete recepciones.

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