Los Ravens podían buscar al heredero de Flacco en el draft

Los Ravens podían buscar al heredero de Flacco en el draft

Los Ravens podían buscar al heredero de Flacco en el draft

Patrick Smith

AFP

En los medios de la ciudad se especula con la posibilidad de que gasten incluso su primera ronda en un quarterback para formar, como hicieron los Chiefs el año pasado con Mahomes.

En la NFL moderna se han cometido errores morrocotudos. Memorables. Pero creo que en la última década, más allá de nefastas elecciones del draft, o fichajes de agentes libres que una vez estampada la firma se tumbaran a la bartola, hay un caso especialmente flagrante. Hablo de Joe Flacco.

Muchos aficionados de los Ravens negarán la mayor. Los Ravens ganaron la Super Bowl en la temporada 2012 con Flacco al frente de su ataque, y aunque nunca ha sido el mejor quarterback de la NFL como él mismo se proclamó, sí que ha rendido a un nivel como mínimo aceptable a lo largo de su carrera.

Un contrato que ha sido y es una losa

No es ahí dónde está el problema. O al menos todo el problema. Personalmente, Flacco no me gusta y, lo que es peor, creo que el equipo lleva varios años intentando sacar de su quarterback un petróleo que no existe, cambiando sistemas de ataque y coordinadores ofensivos y obsesionando a un staff que tiene las ideas muy claras en defensa, pero para el que el ataque se ha convertido en un quebradero de cabeza. Podemos apuntar a la falta de un backfield poderoso desde la marcha de Rice, a una línea ofensiva poco consistente, un cuerpo de receptores que nunca convence, pero en el fondo, detrás siempre está un Flacco definitivamente catalogado en ese grupo de quarterbacks que no son suficientemente malos como para darles una patada en la puerta, ni suficientemente buenos para echarse un ataque a la espalda.

El problema empezó exactamente en febrero de 2013, cuando los Ravens le hicieron un contrato mareante para aquel momento de 120,6 millones en seis años. Y el lío se incrementó en marzo de 2016 cuando le hicieron una extensión de contrato hasta 2021 por 66,4 millones más. La consecuencia es que hoy Flacco tiene un coste contra el cap de 24,75 millones de dólares y cortarlo les costaría la friolera de 28,75 millones. Imposible. El año que viene, 2019, tendrían un lastre parecido. Su impacto en el cap será de 26,5 millones y cortarlo costaría 16. También imposible, aunque ahí ya se abriría la puerta a un traspaso que podría resultar muy jugoso con algún equipo desesperado. En 2020 su coste contra el cap podría parecer desorbitado: 28,25 millones, pero visto el ritmo al que crecen el cap en la actualidad (este año ha subido más de 10 millones de 167 a 177,2) y se incrementa el salario medio de los quarterbacks, cuando llegue esa fecha podría parecer hasta barato. Cortarlo en ese año 2020 solo costaría 8 millones, pero muy mal deberían estar las cosas para que simplemente se lo quitaran de encima sin conseguir un traspaso. En 2021 termina su contrato, pero a esas alturas seguro que ya habrá sido extendido o será problema de otros.

Un proyecto atascado desde la posición de quarterback

La consecuencia de todo eso es que el contrato de Flacco lleva cinco años reduciendo gravemente el margen de los Ravens a la hora de moverse en la agencia libre. Este año, una vez más, están entre los equipos con menos dinero para gastar. Y se verán obligados otra vez a hacer el pino con las orejas para reforzar una plantilla que casi siempre es bastante competitiva, pero que no acaba de cerrar los agujeros que se van abriendo. Y eso que Ozzie Newsome, su general manager, es un sabio que en todo este periodo ha sido capaz de hacer una gran renovación, rejuveneciendo poco a poco, y con un coste mínimo, un equipo que peinaba demasiadas canas.

Pero ya no es una cuestión de plantilla. El problema está más en un proyecto que parece desnortado pese a contar con un genio como el ya nombrado Ozzie Newsome, y un entrenador con el prestigio de John Harbaugh. Por supuesto que hay muchos factores para explicar ese bloqueo evolutivo, pero uno de los más importantes es el estancamiento de un Flacco que desde 2013 hasta hoy ha mejorado muy poquito o casi nada, que sigue sin ser capaz de conducir un ataque explosivo y se ha quedado en simple gestor de juego legítimo, algo que a sus 33 años sabe a muy poco tras las expectativas creadas.

Un quarterback en primera o segunda ronda del draft

¿A qué viene todo este rollo? Principalmente, a que no me ha sorprendido demasiado que en los medios de Baltimore lleven algunos días especulando con la posibilidad de que los Ravens se líen la manta a la cabeza y gasten incluso su primera elección, 16 global, en elegir un quarterback si se presenta la oportunidad y alguno de los cinco nombres que están en boca de todos se pone a tiro.

Las principales prioridades de los Ravens están en el cuerpo de receptores y en la línea ofensiva. Además, este draft viene cargado de buenos jugadores en la OL; pero no me parecería descabellado que Ozzie nos sorprendiera este año haciendo una jugada similar a la que hicieron los Chiefs el año pasado y elija un quarterback con talento pero pendiente de formar, mientras Flacco apura sus opciones e intenta jugar a su mejor nivel en busca de un último gran contrato en la NFL.

Tal vez el pick 16 sea demasiado bajo para intentar una jugada así, y necesitarían una carambola imposible para aspirar a conseguir a esas alturas a Rosen, Darnold, Allen, o incluso a Mayfield, pero quizá Lamar Jackson esté ahí aún a tiro, y más allá de sus comparaciones con Michael Vick, un año de trabajo desde la banda puede convertirle en una joya. Si el plan A fallara, me sorprendería que con su pick de segunda ronda dejen pasar a Mason Rudolph si sigue disponible, que es muy probable. Es un jugador por formar, pero en eso consistiría el plan que, como digo, comienza a coger cuerpo en los medios de Baltimore.

Los Ravens necesitan salir del círculo vicioso de inconsistencia en el que lleva instalado su ataque desde hace demasiado tiempo. La mejor manera es buscar cuanto antes al heredero de Joe Flacco. Si no lo hacen este año corren el peligro de conformarse con ‘malo conocido’ en una nueva extensión de contrato que simplemente rubricaría la inevitable decadencia de un plan que hace mucho que no funciona.

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