Saints y Raiders, lo mejor y lo peor de la semana 9 de la NFL

Wesley Hitt

AFP

La liga del quarterback sigue produciendo a granel en la actual temporada.

La NFL está produciendo puntos, yardas y touchdowns a ritmos sin precedentes en la actual temporada. Culpen a las nuevas reglas diseñadas para proteger a los quarterbacks, a los sistemas o al talento en la posición. Donde quiera que señalen, no estarán muy lejos de la verdad.

La novena semana de campaña regular arrojó una nueva serie de destacadas actuaciones: Una nueva marca ofensiva de Patrick Mahomes, Tom Brady haciendo cosas marca Tom Brady, James Conner borrando del mapa a Le’Veon Bell, el debut soñado de Nick Mullens o el primer touchdown en la campaña de Julio Jones.

Cualquiera de esas actuaciones sería merecedora de la designación de lo mejor de la semana. Pero hay una que, por su significado actual _ y posiblemente en enero _ sobresale de las demás: la cátedra ofensiva de Drew Brees y los Saints.

Para ser el mejor tienes que ganarle al mejor. Eso fue precisamente lo que hicieron los Saints la tarde del domingo, ensuciando la marcha perfecta de los Rams con una ejecución sistemática, quirúrgica y simplemente letal.

En camino a su cuarta actuación de al menos 40 puntos en la actual temporada, los Saints desmitificaron a la defensiva de los Rams con una actuación memorable. Concretaron 31 first downs, convirtieron 7 de 12 terceras oportunidades y 2 de 2 en cuarto down. Sumaron 487 yardas totales, Brees completó el 75% de sus envíos y la línea mantuvo a su pasador de pie todo el encuentro, algo digno de destacarse cuando enfrente está Aaron Donald.

Si bien los reflectores suelen posarse sobre Brees (346 yardas y 4 TD), Alvin Kamara (116 yds y 3 TDs) o Michael Thomas (12 recepciones para 211 yardas), la actuación de los Saints que los catapultó al primer lugar de la NFC fue un esfuerzo colectivo, en el que lograron 35 puntos en la primera mitad y solo despejaron en dos ocasiones.

New Orleans necesitaba ser perfecto para derrotar a los Rams. Y lo fue.

Lo peor de la semana

Así como la NFL está plagada de puntos y actuaciones sobresalientes, también hay chistes recurrentes que se vuelven más malos cada vez que uno los escucha.

Ya se ha hablado de que Nathan Peterman necesita encontrar su verdadera vocación en la vida porque, evidentemente, se equivoca si cree que nació para ser quarterback en la NFL. La semana 9 fue una nueva muestra de ello.

También se ha hablado de los Browns y su lenta e inevitable regresión a lo que no han dejado de ser desde hace muchos años: Un equipo sin esperanza. O de lo lejos que está Joe Flacco de ser un quarterback de elite.

También se ha hablado de como Jon Gruden le termina de provocar una lenta y dolorosa muerte a los Raiders y todo lo que representan, incluyendo a una de las aficiones más fieles y apasionadas de la liga.

Pero esta semana hay que hacer énfasis en la incapacidad de Gruden para tomar las riendas de los Raiders, que es indirectamente proporcional a su capacidad para negociar un contrato multimillonario.

Con cada semana es evidente que Gruden se rezagó durante esa década que perdió en las cabinas de transmisión. Su imagen ya no comanda respeto, sus decisiones de personal son tan pobres como sus llamadas en el campo y no pudo inyectarle ni una pizca de liderato a un equipo que sucumbió ante un quarterback que debuta en la NFL luego de ser tercero en el depth chart y llegar a la liga sin pasar por el draft.

Fueron capturados ocho veces, completaron 25% de sus terceras posibilidades y provocaron que Mullens fallara solo 6 de 22 pases en su debut en la liga. Los Raiders nunca han sido la más funcional de las organizaciones, pero ya se acercan a territorio de disfuncional como “matrimonio Kardashian”.

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