Doug Pederson jugó sin miedo a los Patriots ni a la Super Bowl

Doug Pederson jugó sin miedo a los Patriots ni a la Super Bowl

Doug Pederson jugó sin miedo a los Patriots ni a la Super Bowl

Kevin C. Cox

AFP

El entrenador de los Philadelphia Eagles fue fiel a la actitud que le había llevado hasta el gran partido y, por eso, se acabó llevando el anillo.

En un vídeo grabado por los Philadelphia Eagles a principio de temporada, en los campos de entrenamiento de verano, se podía ver a su entrenador, Doug Pederson, dirigiéndose a sus jugadores y diciéndoles “vamos a jugar a lo grande porque somos grandes. 7-9 apesta, y aquí sólo estamos interesados en la grandeza”. Estoy convencido que la inmensa mayoría de entrenadores de la NFL, por no decir todos, le dijeron algo parecido a sus jugadores. Sólo que Pederson, para variar, demostró con hechos lo que decía con palabras: el todo o nada se convirtió en el santo y seña del equipo.

El triunfo de los Philadelphia Eagles tiene muchas claves. Una de las que más me interesa es la de la valentía de su entrenador y lo que eso puede suponer para el futuro de la NFL. Porque los Eagles no perdieron su esencia, ni dieron un paso atrás, ni en el mayor de los escenarios, la Super Bowl, ni ante el más temible de los enemigos, los New England Patriots.

Durante toda la temporada, los Eagles se han jugado el todo por el todo en momentos decisivos. No les ha temblado el pulso a la hora de jugarse cuartos downs. En la gran final se jugaron dos, y ambos tienen un montón de miga.

El primero fue al final del segundo cuarto y con la ya famosa jugada de pase de touchdown de trey Burton a Nick Foles. A veces se nos olvida que bien pudieron irse con un field goal al descanso y asunto terminado. Pederson no. Sabía, a ciencia cierta, que los Patriots iban a salir del vestuario con el pie en el acelerador para anotar en el primer drive de la segunda mitad ¿cuántas veces no hemos visto eso mismo con este equipo? Si hasta han hehco un arte de “regalar” el balón cuando el sorteo de posesión les favorece.

Así que, con dos minutos por jugar, se lanzaron a un drive agresivo para completar la primera parte y llegaron a la red zone, donde malgastaron tres downs. No era el día para quedarse con field goals, que es otra cosa que el entrenador de los Eagles dijo antes de comenzar el partido. Y, de nuevo, respaldó sus palabras con hechos. Ordenó jugarse el cuarto down, y lo ordenó con una jugada de engaño perfecto. 22-12, y al vestuario. Qué diferencia con el field goal potencial.

Ya en el último perodio, se volvió a jugar un cuarto down en su propio campo y con más de cinco minutos por jugar. Uno abajo en el marcador, tu propio campo, más de cinco minutos por jugar… no hay una docena de entrenadores en esta liga que se hubiesen arriesgado en ese cuarto down. Pederson no sólo lo hizo, sino que contó con que Nick Foles haría un gran movimiento en el pocket, de jugador grande y sin miedo, para encontrar a Zack Ertz en medio del tráfico. En modo alguno un completo sencillo.

Quizás Foles tuvo la confianza para completar esa jugada porque sabía que sus entrenadores tenían plena seguridad en sus habilidades. Se lo habrían dicho de palabra, sí, pero se lo habían dicho con mayor rotundidad con hechos.

Los Eagles tuvieron 16 terceros downs a lo largo del encuentro. De ellos, 10 de más de 5 yardas. En todos y cada uno de ellos, los completos y los incompletos, los entrenadores de Philadelphia ordenaron jugadas para pasar la línea de primer down. Pases que tenían por objetivo ganar el partido y esquivaban el juego seguro. Foles completó siete.

Y, de verdad, es lo de menos. Lo de más es obligarse a mirar el partido a la cara y querer ganarlo. Es ley universal de esta liga, salvo en equipos contados, rendirse ante los terceros downs largos. Hacer una carrera por el medio, ordenar una jugada de screen, y si suena la flauta sonó. Y, si no, no perder el balón. Nada más.

Con esa actitud, sencillamente, no ganas a los New England Patriots, porque puedes estar seguro que ellos no van a regalar ningún down, ningún drive. Pueden fallar, faltaba más, pero siempre arriesgando.

Así entendió Doug Pederson que debía jugar contra ellos. Como contra cualquiera. Y se lo dijo a sus muchachos, que igual le creyeron mucho o poco porque, hombre, son profesionales y vendeburras han conocido a puñados en su carrera. Cuando vieron, semana tras semana, que su entrenador les ponía en posición de ganar en cada snap, y que en el momento de la verdad no se arrugaba un ápice, esa creencia se convirtió en fe inquebrantable.

Creo que esta victoria es un aldabonazo para la NFL. Creo, firmemente, que estamos en medio de una revolución táctica, donde los Philadelphia Eagles son también uno de los exponente más obvios, y que, aún más importante, estamos ante una revolución en la actitud. Los grandes dinosaurios se están retirando, los jóvenes ambiciosos ocupan sus lugares, y un inesperado Doug Pederson se ha convertido en su profeta.

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