Kirk Cousins: ni entre los 100 mejores de la NFL y con el contrato supremo

 El quarterback se ha movido, en los últimos tres años, como pez en el agua en el mercado y ha puesto a las franquicias a sus pies. Nada será lo mismo.

Esta tarde, si el tiempo y la autoridad lo permiten, Kirk Cousins será presentado como nuevo jugador de los Minnesota Vikings. Y una vez haya firmado su contrato con el equipo se habrá consumado una de las mayores revoluciones de la NFL moderna, la del jugador que puso a sus pies a las franquicias, al mercado, y acabó ganando la relación laboral más ventajosa que se recuerda en esta liga.

Kirk Cousins es un buen quarterback. Ni siquiera eso tiene una consideración unánime. Lo que sí la tiene es que no es un gran quarterback. Es muy difícil encontrar gente que crea que está en la elite del puesto en la NFL. Es más, si hacemos entre expertos y aficionados una lista de los 10 mejores pasadores de la liga, no aparecería en casi ninguna lista. No en la mía, desde luego. No en la de nadie que conozca.

Cada año la cadena de televisión NFL Network, en verano, hace una lista de los 100 mejores jugadores. La lista la elabora con votos de los propios jugadores. Cousins fue el #85 en 2015 y el #70 en 2016. De la temporada 2017 aún no han hecho la lista pero, por ejemplo, ProFootballFocus sí la ha hecho y Cousins no está entre los 101 mejores. En realidad, está en el puesto #20… de quarterbacks.

¿Entonces? ¿Cómo es posible que haya firmado un contrato por 84 millones de dólares para los próximos tres años, todos ellos garantizados, y haya sumado 44 millones en las dos últimas temporadas, yéndose a 128 millones en cinco años, cifras del mayor contrato de la historia de la NFL? Pues porque ha entendido como se negocia en esta liga, y porque apostó por sí mismo. Y ha ganado. A lo grande.

Los grandes quarterbacks de la NFL no suelen salir al mercado. Son el bien más preciado de la liga y sus equipos les van haciendo extensiones de sus contratos mucho antes de que se planteen acudir a la agencia libre. Sin embargo, los Washington Redskins, y por buenos motivos deportivos, dudaron en 2016 sobre si ofrecerle este tipo de acuerdo. Le pusieron sobre la mesa lo que se estila para gente del nivel medio de Cousins: dos años garantizados a unos 18 millones de dólares, y tres años más en los que el equipo tendría control sobre el destino del juegador, esto es, podrían despedirle si no jugaba bien y, si jugaba bien, mantenerle a esos 18 millones.

Por primera vez, un QB dijo no a ese abusivo proceder. Para no perderle, los Redskins le aplicaron el contrato de “jugador franquicia”, y Kirk jugó aquel año por 20 millones de dólares, que es lo que paga ese contrato, sin opción a negociar.

Llegó 2017 y pasó exactamente lo mismo. De nuevo el equipo le ofreció un contrato estándar y de nuevo el jugador dijo que no, que le aplicaran de nuevo el “jugador franquicia”. Total, eso para él significaba 24 millones de dólares (un 120% cada año que se aplica tal recurso) y ser agente libre en 2018. Así sucedió.

Y este año los Redskins ya no pudieron más. Mantenerle les costaría 30 millones, y no estaba dispuestos a eso. Así que Kirk Cousins, libre como un pajarito, llegó a un mercado al que no suelen llegar los QBs titulares, aunque sean del paquete medio de la NFL.

Los equipos enloquecieron. Se dice, y es una gran verdad, que hay dos franquicias en la NFL: las que tienen a su quarterback y las que lo buscan. Entre éstas últimas estaban los Vikings, los Jets, los Cardinals, los Broncos, los Browns… y se lanzaron a por el jugador. ¿Qué fue lo que pidió Cousins? Lo mismo que a los Redskins: un contrato garantizado en el que el equipo no tuviera el control, sino él.

Al haber un sólo Kirk Cousins, un sólo quarterback digno de ser considerado franquicia, en el mercado y varios pujadores, quedó claro que alguien tendría que hacer la locura. Fueron los Vikings y los Jets. Ambos le ofrecieron tres años completamente garantizados y, esto es clave, no ponerle otros dos años más en los que ellos tendrían el control de cortarle o mantenerle. No. Cousins negó esos dos años para quedarse con todo garantizado y, además, volver a ser agente libre en 2021. Juego, set y partido.

Kirk Cousins ha mostrado al resto de jugadores de la NFL lo que sucede cuando se apuesta por uno mismo. Es evidente que pudo lesionarse estos últimos dos años, que pudo jugar tan mal que nadie le querría, que pudo acabarse el mundo en una guerra nuclear… y el resultado sería diferente. Pero, con su arrojo, ha puesto a la liga a sus pies y ha dado la vuelta a la tortilla, siendo él el que ha mandado y el que tiene el control sobre su futuro.

Matt Ryan y Aaron Rodgers tienen que firmar, ahora, sus próximos contratos. Con el ejemplo de Cousins por bandera, es de esperar que consigan contratos de tres años totalmente garantizados y no cinco con opciones a que sus equipos les controlen por debajo del precio de mercado. Lo que ha hecho el ya nuevo QB de los Vikings es cambiar, para siempre, la forma de negociar con los jugadores premium de la NFL. Y eso sin ser élite ni nada que se le parezca.

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