Los Patriots tienen un severo problema con el pass rush

Los traspasos de Jamie Collins y de Chandler Jones han dejado al equipo con muy poca capacidad para conseguir presión sobre el QB rival.

Bill Belichick tiene fama de ir un paso por delante. Se le atribuye esa cualidad de detectar un año antes que los demás entrenadores de la NFL hacia donde va a virar la moda táctica, incluso física, y pone un pie antes que nadie en ella para cobrar ventaja. Tiene esa fama porque es la verdad.

Lo ha mostrado en multitud de ocasiones. Ya sea confiando a ciegas en una defensa de hombres y no nombres en época de gran gasto en estrellas, virando a un ataque explosivo y aéreo cuando nadie lo esperaba, creando de la nada la liga del doble tight end receptor, volviendo a la carrera o en mil y una argucias menores, Belichick ha sido el creador y no el seguidor de la tendencia. De hecho, se puede decir que su manera de trabajar no es tanto la de la intuición, la del que acierta con lo que vendrá, sino la del mesías, la del que crea el futuro con sus acciones.

Sin embargo, es posible que esta vez haya ido demasiado lejos y su apuesta sea equivocada. Porque los New England Patriots están sin pass rush, sin capacidad para presionar al quarterback rival, algo que suena kamikaze en la actual NFL.

Y no puede haber duda de que es algo buscado, algo premeditado. Uno de esas ideas visionarias que definen a los Patriots.

Ayer se vio de manera muy evidente. Los Seattle Seahawks son un equipo que sufre una enormidad contra el pass rush. Están con un backfield en cuadro tras la retirada de Marshawn Lynch y su OL es de las peores, sino la peor, de la competición. Cuando se les apura por ese lado, Russell Wilson sufre una enormidad. En New England no pueden hacerlo porque no tienen ni el sistema ni los jugadores para ello, así que en varias jugadas se pudo ver la muy extraña imagen de dos tipos chocando con la OL de Seattle mientras nueve caían en cobertura. A un QB de la categoría de Wilson le puedes poner los once en cobertura, que como tenga tiempo y tranquilidad te va a hacer un roto. Así sucedió.

Esta falta de pass rush no es una excepción en la temporada. Ahora mismo los Patriots son el peor equipo de la NFL en la estadística de sacks e intentional groundings ajustados a rivales, distancia y downs. En esta compleja variable su desempeño muestra un 3,1%, claramente últimos de toda la liga y muy lejos de la media, que es del 6%.

Nadie ha pasado de primera ronda de playoff en los pasados 20 años, tiempo en el que se lleva calculando esta estadística, siendo último, teniendo esos pobres guarismos.

Ha de añadirse que a estas alturas de campeonato sólo han conseguido 16 sacks, la cifra más baja del equipo en los últimos siete años.

La tendencia de los Patriots a despreciar el pass rush no es nueva. En 2014, cuando ganaron su última Super Bowl, eran un equipo que despreciaba un tanto esta faceta del juego, pero no cayeron tan abajo, ni mucho menos, manteniéndose en el tercio inferior en el global de los equipos pero no tan en el fondo de las clasificaciones.

El traspaso de Chandler Jones, en offseason, y el de Jamie Collins, hace unas semanas, dejó al equipo sin, se puede agumentar, los dos mejores hombres en este arte de la persecuación del QB rival de la plantilla.

Que duda cabe que ambos movimientos ejemplificaron, una vez más, que Belichick ha decidido que este sea su nuevo punto de diferencia con el resto de la liga. No sabemos si le va a salir bien pero, si nos fiamos por lo visto ayer en la derrota contra los Seahawks, el escepticismo es la sensación predominante al respecto.

(Tomado de AS.com)

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