Mundillo NFL – AS.com (4)

Los Browns hicieron lo correcto pasando de Carson Wentz

Aunque el novato está deslumbrando, entre tener un quarterback sin equipo, o un equipo sin quarterback, los Browns optaron inteligentemente por la segunda opción.

Carson Wentz tiene pinta de que llegará a convertirse en un quarterback de relevancia en la NFL. La impresión que está generando en sus tres primeros partidos en la competición es impresionante, sobre todo para un rookie que según los expertos tenía mucho que aprender para adaptarse a la liga. Apunta a que los Eagles acertaron plenamente con su contratación.

Los Browns navegan a la deriva sin quarterback de referencia. Lesionado Griffin (y puede que ya finiquitado para la competición) y en espera de la recuperación del veterano McCown, la bisoñez de Kessler está llevando a reutilizar en ocasiones a Pryor en su posición original de QB. Se dice que cuando tienes más de un quarterback, no tienes quarterback, y no puede ser más cierto en Cleveland, que lleva desde su reingreso a la NFL sin ese faro que guíe su rumbo. Por falta de intentos, desde luego, no ha sido.

Los Browns tuvieron la oportunidad de conseguir a esa estrella pelirroja en ciernes que deslumbra en Philadelphia. Decidieron no hacerlo. Y creo que fue lo correcto.

Decisiones. Análisis de pros y contras. Escoger riesgo o camino fácil. Qué difícil es tomar una determinación y qué fácil es ser criticado después. Si nos dieran una segunda oportunidad, quizá escogeríamos la otra opción pero, ¿quién nos asegura que ésta no fuese a la larga también equivocada? De lo trascendental a lo personal, la historia, y la vida, están plagadas de decisiones, a priori cuestionables, a posteriori, de incierto resultado. Desde Aníbal rehusando conquistar Roma sometida a sus pies, a declinar invitar a la chica que te mira desde la barra, es comprensible decantarse por lo que en ese momento parece más seguro por miedo a fracasar.

Estoy convencido que a Hue Jackson, reconocido gurú de QBs, le encantaba Wentz. Sin embargo, desde su posición de entrenador y referente de un nuevo proyecto, no podía dejarse llevar por gustos personales sino pensar en el equipo. Llegaba a una franquicia anémica, tan necesitada de limpieza como de sangre fresca. Mucha sangre fresca. Y simplemente, no podía renunciar al montante de elecciones de draft que ofrecieron los Eagles por subir a su posición.

Por otro lado, las garantías de que Wentz pudiese reflotar el equipo eran mínimas. No porque el chico no tuviese capacidad para hacerlo, sino porque hacerle titular en un conjunto en construcción, con escasa probabilidad de salir airoso del envite, hubiera sido ponerle en una posición tan delicada e incómoda como han padecido todos sus predecesores en el puesto.

La elección de Kessler en 3º ronda no fue un repentino arranque de remordimiento. En ningún momento se contaba con él para titular este año, como así ha sucedido por las circunstancias. Su presencia respondía a la necesidad de formar un quarterback suplente para el futuro (McCown ya tiene 37 años), bien de Griffin si el experimento funcionaba, bien del QB que, una vez el equipo formado al gusto de Jackson, escogiesen en primera ronda en drafts venideros.

No descarto que pasados unos años, las televisiones nos muestren el doloroso rótulo con un triunfante Wentz a un lado, y en el otro, la ristra de jugadores seleccionados en su lugar, la mayoría de ellos fuera ya de la NFL. Incluso entonces seguiré defendiendo lo acertado de esta decisión. Lo procedente es formar primero un equipo, una filosofía, robustecer todas las líneas, y una vez hecho, entonces sería el momento de traer a un director de juego con opciones de éxito. No a la inversa, como se había venido haciendo, con tan triste resultado.

Es fácil hacer leña del árbol caído, y especialmente cuando se refiere a una franquicia abonada al infortunio como Cleveland. Cualquier decisión que toman se considera equivocada, hagan una cosa o la contraria. Da la impresión que los Browns siempre eligen la cola lenta de la caja del supermercado. Sin embargo, en este caso, quizá deberían estar más preocupados sobre el acierto de su decisión los Rams, que tenían la primera selección global pero escogieron a Goff, quien aún no ha debutado en la liga. En todo caso, no saquemos conclusiones precipitadas. Valoremos estas decisiones en función de la lógica que representan para cada club. Y sobre Wentz, la de los Browns de no elegirle, más allá de cómo esté jugando, tiene todo el sentido.

La falta de disciplina vuelve a ser el cáncer de los Giants

Ben McAdoo ha intentando resucitar a los Giants con buenos fichajes y un sistema atrevido, pero no tendrá éxito hasta que no dome un vestuario desbocado.

Los New York Giants tienen un problema crónico de disciplina. No es un problema de ahora. Ya le costó el puesto a Jim Fassel en 2004 y fue la causa principal por la que eligieron a Coughlin, que se había hecho famoso en Jacksonville después de dirigir con puño de hierro a un vestuario que llegó a odiarle.

Y por si había alguna duda, lo primero que hizo Coughlin nada más llegar a la Gran Manzana, fue poner de patitas en la calle a los líderes de las principales facciones del vestuario, romper el orden de valores, y poner de su lado a los mejores jugadores de la plantilla para dejar muy claro quién mandaba ahí.

Sin embargo, el asunto terminó por írsele de las manos incluso al viejo gruñón. Y posiblemente esa falta de disciplina fue uno de los principales motivos por el que fue despedido tras acabar la pasada temporada. La sensación que transmitía, era la de un señor muy mayor que se paseaba por la banda sin que nadie le hiciera ni puñetero caso.

Este lunes, los Giants se enfrentaron a los Vikings, y verlos jugar transmitió cierta lástima. No por incompetencia, ni mucho menos, sino porque, una vez más, rinden muy por debajo de sus posibilidades. Huelen a equipo bueno pero el aroma se pierde entre el caos.

No voy a entrar en asuntos técnicos, ni a analizar cómo les están perjudicando las bajas en el backfield y en la secundaria. Prefiero centrarme en los errores, las penalizaciones innecesarias y la falta de concentración, que un año más les está haciendo mucho daño.

La elección de McAdoo como entrenador principal fue muy criticada por su juventud, su falta de experiencia a la hora de gestionar vestuarios, y el hecho de que fuera parte de un staff que fue incapaz de poner remedio a la indisciplina de los últimos años. Muchos analistas y aficionados preferían a un entrenador más veterano, y quizá con planteamientos técnicos menos modernos, pero con puño de hierro para atajar el problema de una vez por todas.

En el primer mes de competición McAdoo está poniendo la misma cara de despiste e incomprensión cada vez que uno de sus jugadores rompe la disciplina del equipo y decide tomarse la justicia por su mano, o anteponer su orgullo a cualquier otra consideración. La única diferencia con Coughlin es que a McAddoo no se le encienden los mofletes, ni parece que va a estallar de indignación inútil, aunque todo se andará.

Ante los Vikings el contraste fue mayor aún que en otros encuentros. Llamaba la atención la disciplina espartana y la intensidad con la que vivía cada jugada cada jugador de los Vikings, comparadas con los apagones permanentes de los Giants, cuyos errores, faltas de concentración y pataletas eran de inmediato aprovechadas por sus rivales.

A todos nos está llamando la atención Odell Beckham, que después de un debut de bajo perfil, como un jugador que no había roto un plato, sacó su lado malo la temporada pasada frente a los Panthers y no ha vuelto a ponerse la careta. El lunes vimos por primera vez cómo el ‘síndrome de la tarjeta roja’ que sufren los árbitros del balompié ha llegado a la NFL, cuando Beckham fue castigado con una falta antideportiva por encararse con un rival, y en la siguiente jugada volvía a hacer lo mismo, ante la mirada estupefacta del árbitro, que amagaba con echarle mano al pañuelo amarillo, pero se arrepentía en el último momento para evitar convertirse en el protagonista de la fiesta, y montar una tángana mayor por expulsar del partido al receptor. Pienso que quizá un referee más valiente, que se hubiera atrevido a sacarle del partido, habría abierto con fuerza este debate, y que eso habría sido bueno en el futuro para el equipo azul.

Pero el caso de Beckham no es puntual, en el partido contra los Redskins las faltas de disciplina fueron constantes por parte de muchos jugadores y a la larga les costó la victoria.

Creo que los Giants este año sí tienen plantilla suficiente para soñar con hacer una buena temporada, e incluso dar bastante guerra en enero. También creo que McAdoo puede ser un buen entrenador pese a que su ataque no está funcionando en los primeros partidos tan bien como esperábamos (más por falta de consistencia y regularidad que por capacidad para conseguir jugadas); incluso en algunos momentos la defensa ha recordado, con su capacidad para generar presión solo con los jugadores de delante, a la que ganó dos anillos de forma sorprendente en la última década.

Sin embargo, la auténtica maldición que está machacando a esta franquicia no son las epidemias de lesiones, ni la falta de buenos jugadores, ni las carencias estratégicas. Es la falta de disciplina que afecta directamente al rendimiento, a la concentración y que cuesta partidos. De hecho, los dos últimos anillos llegaron de forma sorprendente, cuando el vestuario decidió confabularse y dejarse de chorradas, para demostrar que en cuanto cada uno hacía de verdad su trabajo eran capaces de ganarle incluso a un equipo considerado perfecto.

Las pataletas de Odell Beckham son solo la punta del iceberg. La prueba del algodón de que en Nueva York hay un vestuario en el que demasiados jugadores se lo toman todo a pitorreo y que deberían aprender la lección de intensidad y disciplina que les dieron el lunes los Vikings.

Los Vikings se mantienen invictos con un triunfo metódico

Sam Bradford y los Vikings de Minnesota no necesitaron hacer nada espectacular. Con apegarse a los fundamentos fue más que suficiente.

Los Minnesota Vikings mantuvieron su marca perfecta de inicio de campaña con la fórmula de los tres partidos anteriores. Un ataque balanceado, no cometer errores y muchas jugadas defensivas. Su víctima más reciente fueron los Giants de Nueva York que cayeron 24-10.

Los Vikings se apoderaron del encuentro de manera metódica y aprovecharon el primer error del juego, un fumble de Dwayne Harris en una devolución de patada de despeje. A partir de ahí, Bradford y compañía machacaron a la defensiva de Nueva York y Matt Asiata encontró la zona prometida en acarreo de una yarda hacia el final del encuentro.

Sam Bradford se mostró cómodo, más no preciso. ¿A quién le importa si la ofensiva de los Vikings no es explosiva y vertical? Ciertamente no a su defensiva, que se mostró en su forma habitual. Dos intercambios de balón a su favor, 78 yardas terrestres permitidas y una buena cantidad de las 339 yardas permitidas ya cuando el tiempo estaba completamente a su favor.

A diferencia de los tres quarterbacks antes que él, Eli Manning pudo mantenerse de pie. Eso no significa que haya estado cómodo. Completó apenas 25 de 45 intentos para 261 yardas y una intercepción. Su mejor jugada fue una conexión con el corredor Paul Perkins en un pase corto que se convirtió en una ganancia de 67 yardas.

Eso abrió la puerta para que los Giants pusieran la pizarra mucho más decorosa con un acarreo anotador de una yarda por parte de Orleans Darkwa a principios del cuarto final.

Pero Manning jamás pudo sacar provecho de Odell Bechham Jr., Sterling Sheppard o Víctor Cruz, quienes se combinaron para tan solo 12 recepciones y 103 yardas. No es coincidencia. Minnesota ha desmantelado a toda ofensiva con la que se ha encontrado al grado que su inicio de 4-0 ya dejó de ser sorpresa.

Mike Zimmer engrosó su candidatura a Coach del Año al convertir a Sam Bradford en un pasador eficiente y a Minnesota en serio aspirante sin la presencia de Adrian Peterson. En tanto, los Gigantes son un mar de dudas luego de sufrir su segundo descalabro en fila.

Principalmente, deben hacer ajustes en un perímetro que no contó con sus dos cornerbacks titulares, Eli Apple y Dominique Rodgers-Cromartie. Y se notó, especialmente con Charles Johnson ganando 70 yardas en solo dos recepciones y Kyle Rudolph a menudo encontrando duelos favorables al abrirse como receptor y acumular cinco recepciones, todas en momentos cruciales.

Los Atlanta Falcons le roban la autoestima los Carolina Panthers

El Georgia Dome fue escenario de un cambio de tendencia en la liga que tiene, ahora mismo, consecuencias imprevisibles.

Hay momentos en los que, sin saber explicarte muy bien cómo, te rebelas contra ti mismo y superas un miedo arraigado dentro que no te dejaba crecer. Sucede con cada uno de nosotros. En el trabajo, en las relaciones personales, incluso con aquel matón del patio del colegio al que una vez te enfrentaste, muerto de miedo, y el resultado fue el contrario de lo esperado: recuperaste la autoestima. Esos instantes son cruciales en el desarrollo personal y definen tu carácter mucho más del valor que le das a ese momento concreto.

Los equipos deportivos, en ese sentido, son bastante parecidos a la psicología humana. Aunque sea un conjunto de individuos, existe una cultura y una forma de ser global que obliga a cada pieza a adaptarse, a meterse dentro o a ser expulsado. De ahí eso que tanto se habla de la personalidad de tal o cual equipo. Y, por consiguiente, de la creencia en si mismo.

Los Atlanta Falcons son un proyecto que viene construyéndose desde hace poco. Dan Quinn, su entrenador jefe, sólo lleva un año y cuatro partidos en el puesto. Y una gran verdad de la NFL es que los equipos con personalidad se parecen, indefectiblemente, a sus entrenadores. No ha construido, hasta el momento, nada que sea parecido a un rocoso conjunto unido el que todos parecen cortados por el mismo patrón, vengan de donde vengan, y suman al conjunto.

O no había construido. Porque el partido que ganaron ayer contra los Carolina Panthers es de esos que hacen crecer dos palmas de un tirón, de los que forjan carácter y hacen mirarse al espejo con otros ojos, muy diferentes, apreciando ya los efectos de la adolescencia.

Los Falcons le pegaron una soberana paliza a los Panthers. No lo dice, del todo, el marcador. Y puede que tampoco los titulares, más centrados en la increíble pareja númerica que montaron Matt Ryan y Julio Jones, únicos en la historia para pasar más de 500 yardas y recibir más de 300, o en la conmoción cerebral de Cam Newton.

Pero lo que realmente pasó en el campo es que los de Atlanta se plantaron ante el abusón, el campeón de los últimos tres campeonatos de la NFC Sur, el finalista de la Super Bowl 50, y le dijeron que no iban a recibir ninguna bofetada gratuita más. Y, de pasó, le devolvieron alguna para que se fuera caliente a casa.

No quiero subestimar este instante, este partido. No tiene por qué ser una victoria más. Sé de sobra que los Falcons comenzaron 5-0 el año pasado y que, después, se hundieron. También sé que los Panthers son un equipo campeón al que esta derrota no tiene por qué pasar más factura que cualquier otra, pero…

… pero la verdad es que la autoestima ha cambiado de bando. El muy bien entrenado ataque de Atlanta, dirigido por un magistral Kyle Shanahan, es un sueño de las variaciones tácticas. Lo mismo te ganan con Julio Jones de récord, como este domingo, que utilizan al receptor sólo como cebo de tal forma que el resto del campo quede expedito al llevarse dos rivales con él. Julio, la antidiva, estará igual de contento en ambos casos. Lo mismo te corren con Tevin Coleman que con Devonta Freeman. Lo mismo usan dos tight ends y full back que te abren el campo con Sanu.

No se puede decir lo mismo de la defensa, un señor coladero. Pero, de la misma forma que todo lo que tiene que ver con el football en sentido físico es de un equilibrio absoluto, que la carrera sólo funciona si funciona el pase, que la defensa sólo es buena si el ataque tiene drives sostenidos, la personalidad y crecimiento de una unidad tiene que ver con el resto del grupo. Pongamos de ejemplo a Deion Jones, rookie que vive en el medio del grupo de linebackers y que fue el que golpeó, de forma dura y sucia, a Cam Newton, sacándole del partido. Estaba en su salsa, sintiéndose parte del triunfo colectivo, de la sensación de superioridad, aunque no paren a nadie.

El miedo, aquí sí, ha cambiado de bando. Son ahora los de Carolina los que miran con desconfianza a sus rivales, los que ya no tienen tan claro que esta división sea su cortijo, los que han visto un punto de inflexión impredecible hace tan sólo un mes.

Ya tienen personalidad. Ya tienen arrestos. Ya tienen alma. Y, ahora, ya tienen una victoria señalada, subrayada, para empapelar el vestuario y decirse a sí mismos que son los mejores, que nadie les puede parar en su propia división. Eso no asegura triunfos, ni asegura que los Panthers no les ganen de nuevo, pero sí que pone los cimientos necesarios para pelear de tú a tú con cualquiera. Los Falcons le han robado la autoestima a los Panthers y se han hecho mayores ante nuestros ojos. Es hora de tratarlos como a adultos.

Y eso exactamente, ser tratados como adultos, en sobredosis, es lo que tendrán las dos próximas semanas: los Denver Broncos y los Seattle Seahawks les esperan. Veremos qué clase de equipo son en quince días y si su personalidad se asienta de forma definitiva.

 

1 comentario

    • Rey Cowboy en 10/10/2016 a las 6:11 pm
    • Responder

    La verdad que este comienso de los Vaqueros ha superado mis expectativas,cuanto me alegra
    Lets go Cowboys

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