Mundillo NFL por AS.com (1)

 

La defensa de los Vikings está al nivel de la de los Ravens 2000

En Minnesota tienen un grupo defensivo que mira, de tú a tú, al menos en este inicio de temporada, a una de las mejores unidades de la historia de la NFL.

 Los Minnesota Vikings son el único equipo invicto de la NFL tras cinco semanas. Lo son porque, antes que ninguna otra cosa, son una defensa asfixiante que se ocupa de todas las fases del juego a un nivel excelso. Tanto parando el juego de carrera como el aéreo son extraordinarios. Y no se les atisba ningún punto de flaqueza a lo largo y ancho de toda la unidad.

Esto es algo sabido. Ya el año pasado eran fabulosos y les llevaron a ganar la NFC Norte, nada sencillo cuando compites contra los Green Bay Packers, y a jugar un partido de playoff donde limitaron al entonces ataque más en forma de la liga, los Seattle Sehawks. Perdieron, entre otras cosas, por un sencillo field goal fallado por Blair Wlash en los instantes finales, pero la defensa cumplió con matrícula de honor en la temporada y en ese aciago partido para la franquicia.

Pero es que este año han empezado aún mejor ¿Cuando mejor? Pues nada menos que superando a una de las defensas que saltan del cerebro a la boca de todo aficionado cuando se pregunta por las mejores unidades defensivas de todos los tiempos: los Baltimore Ravens del año 2000.

Aquellos angelitos, liderados por los Ray Lewis, Rod Woodson, Jamie Sharper, Rob Burnett, Duane Starks, Michael McCrary o Tony Siragusa, se pasearon por los playoffs sin dejar que nadie les pasase de la decena de puntos. Bastaron para dar una Super Bowl a un ataque que no estaba diseñado para enamorar a nadie.

Pues bien, si uno mira las estadísticas de los cuatro primeros partidos de la temporada se llevará la sorpresa de que la de los Vikings es incluso mejor que aquella de los Ravens. Y en una NFL sin género de dudas más orientada al ataque y a las estadísticas ‘gordas’ que tanto gustan en Fantasy.

Los Vikings llevaban, hasta el partido de ayer, cinco sacks, una intercepción, dos touch downs defensivos, un touch down de pase concedido, tres placajes de pérdida de yardas y una recuperación de balón más que los Ravens del 2000. Y, además, han concedido menos puntos que aquellos.

Fue a partir de este momento que el equipo de Baltimore comenzó a dejar a los rivales en cero puntos, dos veces consecutivas, y no les dejó pasar de 10 más que dos veces en el resto de la temporada, algo que es muy, pero que muy, difícil que se repita en la actual era, así que esta comparación numérica pronto perderá sentido.

Pero sí que sirve para aportar perspectiva a lo que están consiguiendo en Minnesota que es, ni más ni menos, que lucir como los Denver Broncos del año pasado o los Seattle Seahawks de 2013. Y, bueno, ambos conjuntos se pusieron un anillo en febrero. Los Vikings aún están muy lejos de eso, pero están en el camino.

 

Tom Brady evita hablar de su amigo Donald Trump

El quarterback de los New England Patriots dio por concluida una rueda de prensa tras preguntarle por la más reciente polémica del candidato americano.

Tom Brady es amigo personal de Donald Trump. Así se han mostrado siempre ambos. Con la reciente escalada política del magnate y su sucesión sinfín de escándalos por declaraciones polémicas, la escenificación de esa amistas ha ido desapareciendo. Mucho más aún desde que Trump es el candidato del partido republicano a presidir los Estados Unidos de América, algo que sabremos el próximo mes de noviembre, cuando son las elecciones entre él y la demócrata Hillary Clinton.

El quarterback de los New England Patriots declaró, antes de que todo esto pasara, que le parecía buena idea que Trump se presentase a las elecciones pero, desde entonces, ha mantenido un perfil muy bajo al respecto. La gran estrella de la NFL sabe lo que significa a nivel de imagen esta relación de amistad, y procura no pisar ningún charco.

Una de las penúltimas situaciones comprometidas en las que el candidato republicano se ha visto envuelto es esa en la que se han hecho públicas unas grabaciones sobre comentarios de índole sexista en las que, para exculparse, dijo que se trataban de “comentarios de vestuario”.

Pues bien, en la rueda de prensa de hoy en New England, a Tom Brady le han preguntado por estas declaraciones. ¿Su respuesta? “Tened un buen día, chicos. Gracias”. Y ahí se ha acabado la rueda de prensa.

Hay relaciones personales que acaban siendo privadas, aunque involucren a dos de las personas más populares y conocidas de los Estados Unidos.

 

Prescott y Elliott, los rookies récord que enamoran a Dallas

El QB y el RB de los Cowboys son la primera pareja de novatos en la historia en pasar para 1.000 yardas y correr para 500 en sus 5 primeros partidos.

Jerry Jones no es un hombre que oculte sus sentimientos. Es de Arkansas, pero resulta difícil no asociarle con la imagen clásica del multimillonario tejano exuberante, hortera, gritón. El tipo de persona que no pasa desapercibida. Alguien que podría ser el dueño de los Dallas Cowboys como, mira tú, resulta que es.

Es un arquetipo y un prejuicio, ya lo sé. De hecho, Jones pesa varias arrobas menos de lo que ese ideal sugiere, no lleva sombrero de vaquero ni anda presumiendo de joyas imposibles en precio y gusto, al menos no todo el tiempo.

Pero hay una cosa en la que le gusta perder la cabeza y ser un superficial millonario: con sus Cowboys. Es el general manager de facto de la franquicia porque, eh, para eso la compró, para eso la tiene. Y una cosa que le chifla es elegir talento puro en el draft. Una joya. Un coche carísimo. Un lujo desorbitado. Este año fue Zeke Elliott.

El corredor de Ohio State es una máquina de jugar a esto. El mejor running back de la clase y alguien llamado a ser estrella. Pero tras la línea ofensiva de los Cowboys, construida con elecciones del draft en las antípodas de Elliott, es decir, muy poco espectaculares pero adecuadas a las necesidades del equipo, podría correr cualquiera, decían, decimos, y la presencia de Zeke sería miel sobre hojuelas, claro, pero al coste de perder una gran estrella en otra posición, que es lo que esperas de un #4 del draft.

Al llegar la cuarta ronda del mismo draft de este año, Jerry decidió solucionar el problema perpetuo del QB suplente. O, al menos, darse el gustazo de pensar que podría hacerlo, y eligieron al QB de Mississippi State Dak Prescott. ¿Valdría para sujetar las hombreras de Tony Romo cuando se le requiriese? “Bah, al diablo, peor que todo lo que hemos tenido estos años no puede ser”, pensó Jones.

Debido a la lesión de Romo, tanto Elliott como Prescott han sido titulares en los cinco primeros partidos de la temporada. Y han conseguido algo que ninguna otra pareja de rookies había conseguido en la historia de la liga: pasar para más de 1000 yardas y correr para más de 500.

Bingo.

No me gustaría ser la persona que le dijo a Jerry Jones que se equivocó en la compra de lujo de este año, si es que hubo alguien que se atrevió siquiera a plantearlo.

Elliott es un talento especial. Es verdad que el juego de carrera de los Cowboys va a funcionar con una OL de esa categoría. Pero una cosa es ‘funcionar’ y otra ver, por ejemplo, el touch down que consigue al inicio del tercer cuarto del partido de ayer frente a los Cincinnati Bengals; con una aceleración, velocidad y categoría digna de los grandes, alcanzó el segundo nivel de la defensa rival y, desde ahí, apretó fuerte el botón de hipervelocidad para desvanecerse entre los dos safeties y aparecer al otro lado, sesenta yardas después, en la end zone.

Prescott ‘sólo’ está haciendo lo que le mandan. Pero, siendo el octavo QB escogido en el draft de este año, tiene el segundo mejor QB Rating de toda la NFL. Viendo con claridad a Witten, a Beasley, a Williams, sin obsesionarse con Bryant, está moviendo las cadenas de un ataque que le necesita en momentos puntuales y no como un héroe sobre el que cargar el peso del ataque. A tanta eficiencia está llegando que ya se ha generado el inevitable debate de si Tony Romo debe volver a ser titular cuando esté recuperado (la respuesta es sí).

Dallas está enamorada de sus rookies. Juegan y hacen jugar. Son explosivos y sensatos. Proveen de tiempo y puntos al ataque, en cantidades similares. Y aportan su talento para ganar partidos. Tantos como cuatro en cinco disputados.

 

La regla del fumble necesita ser revisada en la NFL por injusta

El fumble que sufrió CJ Mosley en la yarda uno contraria tras interceptar a Cousins, ha reabierto el debate de una regla que lleva tiempo levantando polémica.

No pretendo defender a CJ Mosley. Lo primero que aprende un jugador de football americano es que tiene que proteger el balón con su vida. Si después de interceptar a Cousins, quarterback de los Redskins, cometió un error que muy probablemente le costó la victoria a los Ravens, la culpa es solo suya, no del reglamento. Pero la acción sí abrió un debate sobre un detalle del reglamento que merece ser revisado.

La jugada fue más o menos como os voy a explicar: los Reskins estaban en segunda y ocho en su propia yarda tres. Cousins lanzó un pase que fue interceptado por Mosely, que estaba en la yarda 14 aproximadamente. El linebacker de los Ravens arrancó a correr en diagonal y, cuando estaba a media yarda de la end zone rival, alargó el brazo para intentar el touchdown, con tan mala suerte que el balón se le resbaló de las manos y salió del campo dentro de la zona de anotación.

Lo que podía haber sido un touchdown, o una primera y diez para Baltimore en la yarda uno rival, se convirtió en touchback y balón para Washington en la yarda 20. Los Redskins avanzaron 17 yardas y salieron de una situación desesperada gracias a una intercepción. Y la jugada posiblemente significó el principio del fin para Baltimore.

Tanto vosotros como yo nos habríamos pasado toda la noche dándonos cabezazos contra la pared si fuéramos Mosley. Es más, estoy convencido de que eso es exactamente lo que el jugador estuvo haciendo durante toda la madrugada del domingo al lunes. Sin embargo, la jugada ha reabierto el debate sobre la posesión, y sobre todo posición, del balón tras un fumble.

Siempre me ha parecido increíble que un jugador pierda la posesión del balón, pongamos en su propia yarda 20, y que este vaya dando botes sin control durante un buen puñado de yardas para, tras terminar saliendo fuera del campo, darle unas cuantas extras al pardillo que dejó que se le escapara de las manos. Incluso alguna vez he visto a alguno forzar esa situación para ganar el espacio que le falta hasta llegar al primer down, algo que es ilegal.

En mi opinión, en caso de fumble, el punto de pérdida de control de balón debería ser el de máximo avance para el equipo atacante en caso de que consiga recuperar el control en una posición más adelantada. No tiene sentido que un equipo pueda sacar ventaja de un error. Y pienso que lo mismo debería pasar cuando el balón sale del campo. El punto de máximo avance debería ser el de la pérdida de balón y no el lugar por el que éste sale del emparrillado.

Debatiendo el asunto con Pepe Rodríguez, él le da una vuelta más de tuerca. Piensa que, si el balón sale fuera del campo, el equipo atacante debería perder la posesión. ¡Ahí queda eso!

Juntando las dos ideas quizá lleguemos a la mejor solución posible: que en caso de pérdida de balón, si éste sale fuera del campo, sea recuperado por el equipo defensor desde el punto en que el jugador rival perdió el control.

Con esa modificación del reglamento, tras el fumble de Mosley los Redskins habrían empezado a atacar en primer down en su propia yarda uno. Una decisión que parece salomónica, pero que castiga ambos errores y resuelve de forma coherente una situación que se produce con cierta regularidad en los emparrillados de football americano.

La NFL suele tener reflejos para buscar arreglos en este tipo de situaciones injustas. De hecho, hasta hace no muchos años, si un jugador interceptaba un pase dentro de su end zone, y era placado antes de salir a campo abierto, era penalizado con safety y su equipo tenía que despejar el balón. La situación era tan escandalosa que el reglamento se modificó para dejar la regla como la conocemos ahora, en la que el equipo que intercepta empieza a atacar en la yarda 20 si el defensa es placado en la end zone.

Como suele pasar casi siempre, en las últimas horas son muchas las propuestas que han aparecido en distintos medios proponiendo cambiar la regla del fumble. Me ha parecido interesante exponer el debate que hemos mantenido en la redacción de AS sobre el tema, y las conclusiones a las que he llegado.

Frank Gore supera a al legendario corredor Jim Brown

El running back de los Indianapolis Colts se sitúa como el noveno jugador de la NFL con más yardas de carrera, un total de 12.368. Y las que le quedan.

Frank Gore ha conseguido un hito al alcance sólo de los dioses de la NFL: ha superado a Jim Brown en yardas totales de carrera. Con las conseguidas este fin de semana con los Indianapolis Colts, Gore aumenta su recorrido total en la liga a 12.368 yardas, dejando atrás al citado Brown, que llegó a 12.312 en sus nueve años como profesional jugando como fullback.

El running back de los Colts se mete así en el top ten de corredores con más yardas en la historia, concretamente en el noveno puesto, pero el hecho de que adelante al considerado por no pocos historiadores del deporte como el mejor jugador de la historia, ha de servirnos para reflexionar sobre una figura que, quizás, ha pasado por debajo del radar del gran público, algo que no merece.

Antes de nada, y para poner en contexto el hito, subrayaré que Jim Brown fue una de las primeras grandes estrellas de este deporte. Tuvo todos los récords imaginables en su época, entre 1957 y 1965, ganó una Super Bowl, fue All Pro ocho años, conquistó cuatro MVPs y sentó las bases de un equipo inolvidable. Basten las palabras de un tal Bill Belichick para decir lo que significó: “Es el jugador más grande que haya jugado en esta liga”. Como argumento de autoridad, me vale.

Pero estamos aquí para hablar de Frank Gore. Un corredor de otra época. Un tipo capaz de dignificar su profesión y su puesto como pocos.

Y eso que la suerte nunca ha sido su aliada. Jugó para la universidad de Miami, donde ganó el título nacional como freshman, en 2001, acompañando a Clinton Portis en un backfield para los restos. En su segundo año se rompió los ligamentos y tuvo que estar fuera toda la temporada. Se dudaba de que pudiese volver a su mejor nivel, pero lo hizo, y completó un fantástico periplo colegial con 1975 yardas y 17 touch downs.

Se presentó al draft de 2005, pero su grave lesión le hizo caer a la tercera ronda. Allí le escogieron los San Francisco 49ers.

Eso tampoco fue una suerte. La franquicia atravesaba una severa crisis de identidad, juego y resultados. Hasta el año 2011 nunca disfrutó de una temporada ganadora. Sin embargo, no conozco un sólo aficionado minero que al recordar aquellos años no hable de Gore con palabras de alabanza. Extrema alabanza. Un trabajador encomiable, una presencia constante como referencia en el vestuario, un profesional como la copa de un pino. Alguien que se viste por los pies y te hace sentir orgulloso de animarle.

Llegó entonces la mejor parte de su carrera. Jim Harbaugh se hizo cargo de los 49ers y el equipo pasó a competir por la Super Bowl. Eran aspirantes cada año. El juego de carrera sufrió una revolución y se volvió uno de los más excitantes e imaginativos de la liga. En el centro del mismo, la figura agigantada de Gore, que sin ser el más rápido, ni el más fuerte, sacaba petroleo de cada situación. Quitando 2006, fueron tres años seguidos con sus mejores marcas, rondando siempre las 1.200 yardas.

Pero si ya se había ganado el corazón de su afición, lo que sucedió en aquel trienio es que se coló para siempre en el alma de los 49ers.

En 2014 todo se vino abajo, por desavenencias entre el grupo de entrenadores y la gerencia, y con la demolición del proyecto, Gore se fue a los Colts a vivir sus últimos años como corredor.

Y ahí está, detrás de una línea espantosa pero remontando, este año, a unas buenas 4.2 yardas por carrera. Siendo adorado por sus compañeros, empezando por Andrew Luck, que lo considera uno de los mejores con los que ha tenido la suerte de jugar.

Frank Gore se vio ayer abrumado en el vestuario. Es un amante de este juego y no se cree que haya superado a Brown, a Marshall Faulk, a Edgerrin James… dice que sólo es un corredor con ganas de aportar a su equipo y que seguirá jugando mientras pueda. Todo ese tiempo será tiempo que debemos disfrutar los fans de la NFL. Porque decía al principio que su carrera ha pasado por debajo del radar, al menos en comparación con lo que dicen sus números, pero no parece preocuparle en absoluto, lo que le hace aún más grande.

 

La crisis de los Bengals no es culpa de Andy Dalton

El decepcionante arranque liguero de los campeones de la AFC Norte es una suma de varios factores, de los que el quarterback no es el principal responsable.

Todos conocemos algún amigo a quien miramos cada vez que ocurre alguna trastada. También es posible que tengáis algún hermano que siempre haya cargado con la culpa de cada travesura. Quizá vosotros mismos seáis ese caso. En los Bengals, ése es Dalton. Marcado por su titubeante inicio en la NFL (y por qué no decirlo, la tendencia QBcentrista de la liga) es habitual considerarle el origen de todos los males. Sin embargo, en este irregular inicio liguero, es probablemente la única luz que alumbra el sombrío camino atigrado, siendo otras las causas.

Causa 1: Falta de compenetración con sus nuevos receptores. Salvo Green, el resto de receptores principales es nuevo para Dalton. Ni LaFell y Boyd por la marcha de Sanu y Marvin Jones, ni Uzomah por la lesión de Eifert, están aún en sintonía con el pasador. La afinidad entre QB y receptor es un proceso que lleva tiempo. A los mismos Sanu y Jones que ahora triunfan en Atlanta y Detroit, les costó ser “vistos” por Dalton, y no consiguieron su 10ª recepción en su temporada rookie hasta la 11ª y 16ª jornada respectivamente. Más allá de que la calidad de los sustitutos es netamente inferior a la de los sustituidos, tardarán semanas hasta generar la química necesaria. Esto lo saben los rivales, que sobrecargan el marcaje sobre Green.

¿Debería Dalton buscar más a esta “segunda unidad” de receptores? Seguramente. Pero también ellos deberían poner más de su parte, creando más separación de los defensores y reduciendo el número de drops. En la foto 1A vemos que Boyd (naranja) se ha quedado sólo en su ruta “post” y teniendo por delante únicamente al safety, las opciones de anotar eran altas. Sin embargo, Dalton (rojo) prefiere buscar un objetivo más seguro en Bernard (verde) en una ruta “wheel”, con mucha menor ganancia de yardas. ¿Podemos culpar a Dalton? En la foto 1B, más adelante en el partido, Boyd se vuelve a quedar sólo en una ruta “slant” para un fácil primer down, pero no consigue quedarse con el balón. La confianza hay que ganársela.

Causa 2: Pésima protección de la línea ofensiva. En este deporte, todo va unido. Si el QB necesita más tiempo en el pocket hasta que sus receptores se desmarquen, probablemente le terminará llegando la presión defensiva, y hará parecer peor a su línea ofensiva. Dalton ha sufrido17 sacks en lo que llevamos de temporada (2º peor marca de la NFL), más de la mitad de los encajados en todo 2015. Si además esta unidad tiene agujeros, la situación se vuelve catastrófica. Las críticas se centran en Bodine (de los peores centers de la competición) y en el RT Ogbuehi, inexperto jugador de 2º año que se perdió su campaña rookie por lesión. En la imagen 2A, vemos que Thorton (azul) ha superado claramente a Bodine (naranja), cuyo culo rodará por el suelo, no siendo ésta la primera vez. En la 2B, Davis supera claramente en un movimiento exterior-interior a Ogbuehi, quien se le queda mirando en vez de reaccionar. Basta que falle una única pieza para anular toda la jugada, con el consiguiente perjuicio al QB.

Causa 3: Inoperancia del juego de carrera. La porosidad de la línea ofensiva se manifiesta también en el apartado terrestre. Cincinnati ocupa el puesto 26 en yardas de carrera. Si esta faceta no asusta al rival, se puede centrar más en presionar a Dalton. Hill no encuentra huecos, ni se le hace correr como más le gusta, en formaciones “I” con un FB por delante. Saliendo desde “shot-gun” es una llamada al fracaso. El último partido se utilizó más a Bernard, y esta tendencia continuará en lo sucesivo. La escasa efectividad del equipo en este terreno conlleva muchos terceros downs largos, siendo el tercer peor ataque de la liga en conversión de ellos.

Causa 4: Defensa por debajo de su nivel. Verse muy pronto por debajo en el marcador también lleva aparejado abandonar la carrera. La defensa está encajando numerosos TDs en big-plays. La falta de coordinación es evidente, como bien se pudo comprobar el pasado domingo, con varios jugadores discutiendo en la banda. Los problemas para defender la carrera en zona de Dallas no son nuevos (también los han sufrido ante Denver o Houston), pero la descoordinación es alarmante. En el TD de 60 yardas de Elliot (azul) un motion desplaza a MLB y SS hacia un lado, mientras que al iniciarse la jugada, sale a recibir el TE (verde) llevándose a la vez a SLB y FS al otro dejando libre toda la zona central. Cuando Iloka y Williams (naranja) se dan cuenta de su error ya es demasiado tarde. El talento de Elliot para zafarse de la primera oleada (ayudado por su poderosa línea ofensiva) sumado a la velocidad del Buckeye hace el resto. Errores similares se han dado en otros partidos, lo que sitúa a Dalton en la situación de echarse el equipo a la espalda, y no siempre puede erigirse en salvador.

Causa 5: Incompetencia de los entrenadores. La ausencia de Hue Jackson está afectando mucho a la fluidez del ataque. No sólo por su sabiduría y carisma, sino porque su sustituto, Zampese, es primerizo en la responsabilidad de coordinador ofensivo, y el equipo está pagando la novatada. Nueva filosofía a la que costará adaptarse, y de lo que no se puede culpar todavía a Dalton. En el otro lado del balón, si bien sigue el coordinador defensivo, los entrenadores de posición de línea defensiva (Burney), linebackers (Haslett) y secundaria (Coyle), son nuevos este año, y la impresión es que aun no han terminado de ajustarse unos a otros, y que cada unidad hace la guerra por su cuenta. A esto hay que sumar el carácter timorato de Lewis, incapaz de jugarse cuartos downs en la yarda 40 (como es norma en otros equipos de la división) o aprovechar los últimos segundos antes del descanso para intentar, al menos, llegar a field-goal range. Quizá se pueda interpretar como una falta de confianza en sus hombres, lo que tampoco ayuda a generar la necesaria energía y fe en las remontadas.

Obviamente, las acciones que cito responden a momentos puntuales, y sería injusto valorar a sus protagonistas en base a una única jugada inoportuna; pero valgan como ejemplo de la multitud de factores que afectan la decepcionante trayectoria bengalí, más allá de las limitaciones que todos conocemos de su quarterback. Es de suponer que con el paso de las jornadas se vayan solucionando pero, ¿será entonces demasiado tarde? Mi opinión es que sí.

 

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