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Los Eagles y Rocky Balboa: Philadelphia va contra los pronósticos

Los Eagles y Rocky Balboa: Philadelphia va contra los pronósticos

Mitchell Leff

AFP

LeGarrette Blount y su extraña forma de llegar a la eternidad

LeGarrette Blount y su extraña forma de llegar a la eternidad

Geoff Burke

USA TODAY Sports

El corredor de los Philadelphia Eagles aspira a conseguir su tercer anillo y a ser el jugador con más touchdowns en playoffs de los que están en activo.

LeGarrette Blount va a saltar al campo del US Bank Stadium de Minneapolis para jugar la Super Bowl LII y tratar de alcanzar una eternidad, una inmortalidad, para la que no estaba llamado. El corredor de los Philadelphia Eagles es una rareza, una casualidad si se quiere, en una NFL que tiene que estar boquiabierta por verle, otra vez, al borde de los libros de récord.

Porque Blount puede conseguir varias cosas impresionantes. La primera, y principal, es que de ganar su equipo, los Eagles, sumaría tres anillos. Sólo hay otro jugador en su posición que haya conquistado tres Super Bowls con varios equipos. Se trata de Derek Loville, que lo logró con los San Francisco 49ers y los Denver Broncos en los 90, pero era un jugador secundario, un reserva.

Blount, sin ser en modo alguno una estrella o el pan y la sal del juego de carrera de sus equipos, sí que se puede considerar “titular” en la actual plantilla de Philadelphia, y lo fue en sus dos otros triunfos, con los New England Patriots. Porque esa es otra, conseguiría su anillo ganando al equipo que le dio los dos primeros.

Las comillas en “titular” vienen dadas porque el concepto es un poco ambiguo en muchos equipos actuales de la NFL con el puesto de running back, y ya lo era en su paso por los Patriots.

Siendo muy relevante el tema de levantar el Lombardi Trophy, obviamente, resulta que a título individual LeGarrette también tiene el libro de récords abierto en la Super Bowl LII. Porque ahora mismo es el running back en activo con más touchdowns de carrera en los playoffs. Lleva diez y tan sólo tiene por delante a otros siete corredores, todos ellos retirados. Es una nómina que asusta sólo nombrarla: Emmitt Smith, Thurman Thomas, Francos Harris… Está a dos touchdowns de alcanzar al mítico Terrell Davis, de los Denver Broncos.

Es sorprendente. Al menos para mí. Nunca hubiera imaginado escribir algo parecido a lo que aquí leéis.

Blount fue una celebridad en su carrera universitaria. De hecho, en el año 2009 sus Oregon Ducks comenzaban una temporada que pintaba a histórica frente a Boise State, y LeGarrette se convirtió en lo único de lo que se habló de aquel encuentro; tras ser batidos, y él mismo tener un partido horrible, se lió a puñetazos con un rival y, mientras se iba, los aficionados de Boise State le tiraron de todo desde la grada, con el jugador respondiendo. Las imágenes se hicieron virales y Chip Kelly, su entrenador, le suspendió de forma indefinida.

Aunque pidió perdón y se le acabó levantando el castigo, su temporada nunca alcanzó las expectativas generadas y llegó al draft sin pena ni gloria, donde no fue elegido, sin duda, por aquel incidente y por su personalidad.

Jeff Fisher le dio la oportunidad de entrenar con los Tennessee Titans y, de nuevo, solventó uno de sus calentones a golpes con un rival, en este caso también compañero porque hablamos del campo de entrenamiento de verano. Aunque el entrenador dijo que no se lo tomaba a mal, el caso es que le corto en septiembre, al empezar la temporada, y Blount fue reclamado por los Tampa Bay Buccaneers.

Fue un acierto. Olvidados sus problemas de disciplina, o aparcados, pasó de mil yardas en su temporada rookie. Un corredor norte-sur, potente, duro, nada artista pero todo martillo pilón. Los siguientes dos años, sobre todo el segundo por culpa de las lesiones, decayó su actividad, su importancia, y fue traspasado a los New England Patriots por una sexta ronda y un jugador menor.

Poco valor para lo que acabó siendo. Porque Josh McDaniels y Bill Belichick entendieron en seguida lo importante que sería para su esquema un corredor tan potente y tan complementario con el backfield que estaban montando. Y, así, jugó, y mucho, en dos equipos que ganaron la Super Bowl, anotó touchdowns de todos los colores y abandonó su trienio con la dinastía por excelencia de la NFL en el Siglo XXI con más de 2000 yardas en temporada regular. Nada, nada mal.

Este año firmó por los Philadelphia Eagles y ha vuelto a ser importante, más de 700 yardas, en un ataque en el que pone el contra peso a la agilidad y velocidad de sus compañeros. Es el tipo seguro al que dar los downs obvios de carrera, los momentos en los que hacen falta esas tres yardas y nada más.

No es una estrella, no es un ejemplo, no llegó a la liga más que prometiendo ser un dolor de cabeza, no tiene excesiva habilidad más allá de su fuerza bruta y, mira, con la opción de su tercer anillo y dejar unos números de touchdowns en playoffs que ya los quisieran para sí los mejores running backs de la actualidad. La eternidad está donde menos te la esperas.

Al igual que el ícono deportivo ficticio de la ciudad, los Philadelphia Eagles se encuentran con la oportunidad de hacer historia en el Super Bowl LII.

Philadelphia Actualizado: 23 enero 2018 22:38h CET

Apollo Creed era el campeón indiscutible de peso completo. El extrovertido fanfarrón que lo había ganado todo y un declarado patriota. Rocky Balboa, un boxeador de medio pelo de la clase obrera de Philadelphia que nunca fue la primera opción de nadie.

De alguna manera, sus destinos se cruzaron en una de las películas más icónicas del deporte en la historia.

¿La historia les suena familiar?

Rocky se ha convertido en un símbolo de la ciudad de Philadelphia por varios motivos. Primero porque describe el espíritu combativo de la localidad y sus habitantes (cualquiera que haya visto las celebraciones del domingo por la noche estará de acuerdo). Y segundo porque, básicamente, ha sido el personaje deportivo con más logros en una urbe en donde el deporte y el éxito no siempre van de la mano.

Al igual que en el clásico de 1976, los actuales Eagles ni siquiera debían estar en esta posición de disputar el campeonato de peso completo. Esa distinción le pertenecía a los Eagles de hace un mes, cuando contaban con Carson Wentz en los controles antes de lesionarse la rodilla. En el filme, el campeón Creed debía enfrentarse al retador oficial, Mac Lee Green, pero el combate se canceló a falta de cinco semanas debido a que Green se lastimó la mano. Llamémosle coincidencia.

Al no contar con un rival de talla, Creed decide darle la oportunidad a un boxeador local, y elige a Balboa únicamente por su estilo de guardia zurda y su sobrenombre de “El Semental Italiano”.

Balboa no había ganado nada hasta ese momento, como los Eagles que han fracasado en dos apariciones previas en el Super Bowl, y las posibilidades de que eso cambiara ante un campeón de la talla de Creed eran mínimas.

“Nos han pateado a la calle desde que se lesionó Carson”, dijo el coach de los Eagles, Doug Pederson previo a la Final de la NFC del domingo pasado. Lane Johnson dijo que desde que perdieron a Wentz “nos han tratado como si fuéramos los Cleveland Browns”.

Es obvio que los Eagles tienen algo que probar y, como Rocky, no pueden contar con el apoyo más que de sí mismos.

Pero ni Rocky ni esta versión de los Eagles han perdido la confianza antes las adversidades, solo pedían una oportunidad. Aquí la tienen. El Spectrum vibra y Apollo es el favorito. ¿Podrán exigir al campeón al límite?

La infravalorada defensa de los New England Patriots

La infravalorada defensa de los New England Patriots

Charles Krupa

El grupo que lidera Matt Patricia tuvo un complicado inicio de campeonato, pero se ha convertido en una fuerza decisiva por sí misma.

Si hacemos caso de todas las filtraciones conocidas, Matt Patricia va a ser el próximo entrenador jefe de los Detroit Lions. Sabemos que el actual coordinador defensivo de los New England Patriots ha aceptado la oferta de la franquicia de la Ciudad del Motor, que ha rechazado la de los New York Giants dejándoles bastante cabreados, que incluso ha dicho a los asistentes de los Lions con los que no cuenta que se pueden ir buscando trabajo. No puede firmar hasta que concluya la Super Bowl y, por lo tanto, todo puede venirse abajo, que cosas peores hemos visto. Sin embargo, en este caso todo parece hecho.

Siendo así, me parece un momento adecuado para recordar, o subrayar, que la temporada defensiva de los New England Patriots ha rozado lo milagroso. Al menos en lo que se refiere a números gruesos. Porque lo que comenzó siendo un desastre gigantesco, con pocos visos de poder mejorar, se ha convertido en una unidad que puede ganar partidos por sí misma y ser dominante. Sí, no lo parece, no se ha dicho mucho, pero así es. Y el trabajo de Patricia, de Bill Belichick por supuesto, merece todo el reconocimiento.

El mes de septiembre fue una pesadilla para la defensa de los Patriots. Perdieron ante Chiefs y Panthers y, aunque ganaron a los Texans, concedieron más de 30 puntos al equipo liderado ya por DeShaun Watson. El fichaje de Stephon Gilmore parecía fallido, pues el cornerback cometía errores de concentración que, invariablemente, valían siete puntos en contr. Dont’a Hightower faltó un par de semanas evidenciando un boquete difícil de rellenar en el medio. Y el pass rush ni estaba ni se le esperaba.

Llegó la semana cinco de la temporada y volvió Hightower, recuperado de su lesión, y Matt Patricia comenzó a mover a sus hombres, a remover sus tácticas, buscando soluciones al embrollo en el que estaban metidos. Y comenzó a funcionar la unidad.

En las siguientes ocho semanas dejaron a todos los rivales por debajo de 17 puntos. Este dato es descomunal. Todo victorias, por supuesto.

Trey Flowers, Kyle Van Noy, los safties… el grupo comenzó a coger un vuelo propio. Y muy alto. Su mejor jugador, Hightower, cayó lesionado para todo el año en la jornada siete, y ni aún así se hundieron. La ley de “que pase el siguiente” que define al equipo se volvió a cumplir a rajatabla y Elandon Roberts se colocó en su lugar mientras Van Noy asumía el rol del líder del cuerpo de linebackers, recorriendo el campo de lado a lado.

Desde aquella semana cinco, los Patriots encajan 14,4 puntos por partido. Estamos hablando de una cifra que les iguala con los Seattle Seahawks que ganaron el anillo en la temporada 2013 y que eran una de las mejores defensas de la historia. Estamos hablando de que es mejor ratio que el de los Denver Broncos del anillo final de Peyton Manning. Mejor que el de los propios Patriots de 2004, quizás la mejor defensa de toda la dinastía Bill Belichick.

En esta temporada en la que los últimos cuatro equipos que han llegado vivos a las finales de conferencia estaban marcados en dos grupos, esto es, los defensivos, que eran los Minnesota Vikings, los Jacksonville Jaguars y los Philadelphia Eagles, y los de grandes ataques y grandes quarterbacks, los New England Patriots (y ya), resulta que estos últimos han estado al máximo nivel también en el otro lado del balón.

Para ganar a esto hay que ser muy bueno en todo. Es algo que saben bien por New England. Y, visto como se dio la vuelta al calcetín de una plantilla que no parecía, no parece, tener el talento de otras en defensa, en Detroit tienen que estar muy esperanzados ante la más que posible llegada de Matt Patricia a su equipo.

El secreto informático con el que Belichick resucita a los muertos

El secreto informático con el que Belichick resucita a los muertos

MADDIE MEYER

AFP

Los Patriots han desarrollado un sistema informático que les permite encontrar diamantes en el mercado donde el resto de los equipos solo ve tipos irrelevantes.

La plantilla de los Patriots está construida como la de cualquier otro equipo de la NFL. Tiene grandes estrellas, un bloque de jugadores seleccionados en el draft y otro de agentes libres que conforman la clase media. Si miramos los números fríos, no encontraremos demasiadas diferencias con ningún otro equipo. Ninguna cifra que explique por qué cada año son la franquicia a batir desde hace dos décadas.

Puntería y paciencia con los novatos

En una segunda revisión encontramos matices que son los que marcan la diferencia. El primero es su paciencia con las elecciones del draft. Los Patriots llevan muchos años sin darse el gustazo de fichar una estrella con un pick alto de primera ronda y tampoco les importa bajar para acumular selecciones. Eso les obliga a ser muy certeros en rondas intermedias y, sobre todo, muy pacientes. No es raro ver elecciones que desde fuera parecen fallidas, porque pasan desapercibidas, y que terminan irrumpiendo cuando menos se espera. Un ejemplo actual puede ser el running back James White, elegido en cuarta ronda en 2014, que se mantuvo en la plantilla durante temporada y media prácticamente inédito. Belichick tenía un plan para él y no le empezó a usar con regularidad hasta que le vio preparado y fue necesario. Entonces, White respondió a un altísimo nivel y ahora es un jugador importantísimo en la plantilla. Julian Edelman estuvo cuatro años jugando muy poco, casi reducido a una labor de equipos especiales y los Pats le dejaron ir a la agencia libre cuando acabó su contrato de rookie. Nadie mejoró la oferta que le hicieron en New England, Edelman regresó a Boston, y en 2013 irrumpió para terminar siendo el receptor favorito de Bardy.

Esa paciencia para dar la alternativa a sus jugadores también tiene éxito en defensa. Trey Flowers se convirtió en un jugador clave en el front seven de New England desde el mismo día que consiguió la titularidad mediada la temporada 2016. Vista su impresionante irrupción, es complicado entender por qué Belichick mantuvo en el frigorífico a este jugador elegido en cuarta ronda del draft que nos ha dejado boquiabiertos desde entonces. Duron Harmon fue elegido en tercera ronda en 2013. Cinco años después casi parece que no está, pero es uno de los jugadores más importantes para los esquemas defensivos de un equipo que gracias a él está revolucionando la NFL con formaciones de tres y hasta cuatro safeties. Y qué decir de Malcolm Butler, un jugador no drafteado, que en su primer año prácticamente no apareció hasta la última jugada de la temporada, cuando le dio el cuarto anillo a New England frente a los Seahawks, con una intercepción conseguida porque como él aseguró entonces, “sabía la jugada que iban a hacer”.

Siempre hay relevo para las bajas

Gracias a ese permanente trabajo de formación de novatos sin pedigrí, y mantenidos bajo el radar, New England se ha podido permitir el lujo de dejar marchar a grandes estrellas año tras año cuando aún podían sacar algo por ellas antes de que acabaran sus contratos. Siempre se ha producido el mismo ritual: 1) Un jugador clave abandona la franquicia. 2) Toda la prensa se pregunta si Belichick se ha vuelto loco y cómo va a cubrir esa baja decisiva. 3) Aparece un jugador de la nada que no solo tapa el agujero, sino que lo mejora, después de haber estado uno o dos años en la plantilla o en la escuadra de prácticas sin haber dicho esta boca es mía.

Algunos me diréis que lo que estoy contando sucede en todos los equipos, y me podéis dar ejemplos concretos de ello en casi todas las franquicias. Sin embargo, pienso que los de Boston tienen una paciencia y una puntería muy superior a la media y creo que en las siguientes líneas descubriréis uno de los motivos.

Conocimiento de las plantillas rivales

El staff de New England no solo estudia la evolución de su propia plantilla. También analiza con lupa a los jugadores en formación del resto de las 31 franquicias. New England ficha cada offseason un buen puñado de tipos que han sido cortados por otras franquicias sin haber tenido casi oportunidades. Hay bastantes jugadores que han triunfado en New England viniendo de la nada. Danny Woodhead estuvo dormitando dos años en los Jets, después de no ser drafteado, para aterrizar de inmediato en New England y convertirse en un comodín importantísimo. Wes Welker tampoco fue elegido en el draft. Después de un año en blanco en Dan Diego, y tres sin pena ni gloria en Miami, fue uno de los mejores receptores de toda la NFL en sus seis temporadas con Brady. Incluso LeGarrette Blount (sobre el que podéis leer un estupendo artículo hoy en as.com) fue dado por amortizado por los Buccaneers para resucitar en New England. Y para rizar el rizo, volvió al mercado, fue infrautilizado por los Steelers, y regresó a New England para ganar dos Super Bowl en tres años con un papel protagonista.

Segunda juventud para veteranos sin futuro

El caso de Blount enlaza con el tercer gran caladero en el que los Patriots encuentran buenos jugadores: los veteranos fracasados. Tipos llamados a ser estrellas y que, por una razón o por otra, acaban decepcionando en los equipos que los eligieron con rondas altas en el draft. Jugadores sospechosos que nadie quiere y que Belichick rescata, convencido de que sonará la flauta. Un buen ejemplo de ello lo hemos visto este año con Kyle Van Noy. Elegido en segunda ronda del draft por los Lions, en dos años y medio no hizo nada que augurara un futuro brillante. Mediado 2016 los Patriots intercambiaron una sexta por una séptima ronda para hacerse con sus servicios. Ahora, después de la lesión de Hightower, se ha convertido en el líder del front seven del equipo. Ricky Jean Francois tiene 31 años y esta es su novena temporada en la NFL. Durante toda su carrera ha ido dando tubos de un equipo a otro sin conseguir destacar en absoluto. En noviembre le cortaron los Packers y Belichick le recuperó de inmediato ante la falta de profundidad en el tackle defensivo. Desde entonces ha participado poquito, pero a un nivel magnífico. Cuando hizo falta, ante Steelers y Jaguars, jugó como no se le había visto en años.

Lo anterior no significa que siempre acierten. En la última offseason ficharon a Mike Gillislee después de ser elegido en quinta ronda por los Dolphins y pasar sin pena ni gloria por Miami y Buffalo. En manos de McDaniels no lo ha hecho mucho mejor y se ha pasado gran parte de la temporada fuera de la lista de 53. Porque, por otro lado, si Belichick tiene algo claro es que en la banda de sus partidos no quiere tener ni un jugador que no pueda aprovechar para algo.

Un paso más allá en las estadísticas avanzadas

¿Cómo se puede hacer todo lo anterior sin tener un ejército de ojeadores por todo EEUU?

Pese a que Belichick arroja al suelo enfadado las tabletas que le da la NFL para ver las jugadas y dice preferir las impresiones en papel, es metódico hasta la obsesión y cree a pies juntillas en las posibilidades que ofrece la informática. Eso le está llevando a desarrollar programas de scouting en New England que han dado un paso más allá en lo que se consideran estadísticas avanzadas. Llevan muchos años a la vanguardia tecnológica de la NFL, pero desde la temporada 2015 han multiplicado la apuesta. Durante esa primavera ficharon a un ingeniero informático, antiguo linebacker universitario, que trabaja para New England desarrollando un programa que sirve para ganar partidos y fichar jugadorazos. Sean Harrington, que así se llama el último secreto evolutivo de la franquicia, ha creado un sistema capaz de aprender y estudiar todos los movimientos de los jugadores de la NFL y la NCAA en sus partidos, que analiza en qué situaciones rinden mejor y peor, su tipo de formaciones, movimientos, rutas, coberturas… Incluso datos sobre sus posibles lesiones, su edad, y cómo afectan al juego.

Con ese programa, es capaz de hacer simulaciones informáticas y descubrir qué agente libre o qué novatos se va a adaptar mejor a las necesidades del equipo, e incluso en qué situaciones es mejor alinear a uno u otro miembro de la plantilla. Ese programa también está ayudando a reconvertir jugadores desde una posición a otra, porque analizando su juego pasado, y cruzando datos, puede detectar si puede rendir a más nivel en una posición diferente de la que ha podido ocupar toda su vida.

Más información que ningún equipo

El proyecto tiene además algoritmos que le permiten trabajar en vivo estudiando las probabilidades de que una jugada u otra tengan éxito en función de la posición del campo, el down, el tiempo restante… y hasta los jugadores alineados por uno y otro equipo, lo que puede tener una influencia directa a la hora de decidir la jugada elegida en tiempo real.

La franquicia lo está utilizando también para analizar sus propios partidos a posteriori y detectar hasta el último error, y, por supuesto, para encontrar cada grieta existente en los equipos a los que se va a enfrentar. Como es lógico, luego tiene que aparecer el staff para trabajar con todo ese material, desechar lo que no interese y sacar conclusiones últimas, pero solo en horas de recopilación de datos y estudio de vídeos, el staff de los Patriots está ahorrando un tiempo precioso respecto a todos sus rivales, que ya están trabajando en desarrollar programas similares y encontrar un fenómeno informático como Sean Harrington, que incluso rechazó una oferta mareante de Google para ir al mejor equipo de la NFL.

Belichick lleva veinte años haciendo milagros, pero el ‘do your job’ no se reduce al trabajo los jugadores en el campo. Resucitar a jugadores muertos tiene que ver también con un increíble esfuerzo tecnológico.

Todd Haley, nuevo coordinador ofensivo de los Cleveland Browns

Todd Haley, nuevo coordinador ofensivo de los Cleveland Browns

Getty Images

Los Cleveland Browns se niegan a ser los peores de la NFL por tercer año consecutivo y por ello contrataron a Todd Haley, ex de los Pittsburgh Steelers.

No pasaron ni 24 horas de que se dio a conocer que Todd Haley se mantendría en el Norte de la AFC y hoy los Cleveland Browns dieron a conocer que el el ex coordinador ofensivo de los Pittsburgh Steelers ocupará el mismo puesto en su franquicia. Junto con él llegan Amos Jones y Freddie Kitchens para potenciar el nuevo staff de coacheo del equipo.

“Estamos emocionados por traer a Todd Haley como nuestro coordinador ofensivo. Lo conozco desde hace mucho tiempo y he respetado y admirado el trabajo que ha hecho en la liga. Es un coordinador que ha sido exitoso en todos los lugares en los que ha estado. Siempre ha sido un tipo que ajusta su ofensiva para tomar ventaja de las habilidades de su personal”, declaró Hue Jackson, entrenador en jefe de los Browns.

Con su antiguo equipo, Haley dirigió una de las mejores ofensivas de la liga; seis de sus jugadores fueron seleccionados el Pro Bowl esta temporada, liderando las selecciones en toda la NFL. También, algunos nombres como Antonio Brown, Le’Veon Bell, Ben Roethlisberger, Maurkice Pouncey y David DeCastro se mantuvieron en lo más alto de las estadísticas para jugadores ofensivos.

“Es una gran oportunidad.Los Browns tienen una gran historia, una gran afición y mercen tener un poco de diversión y experiencia ganadora. Quiero ser parte de ese proceso. Obviamente hay mucho trabajo por hacer pero siempre he estado emocionado de enfrentar un reto”, expresó Todd Haley.

Amos Jones llega a Cleveland como nuevo coordinador de equipos especiales, mientras que Freddie Kitchen lo hará como entrenador de corredores y head coach asociado. Entre ambos suman más de 40 años de experiencia en la NFL; la temporada pasada fueron parte de la organización de los Arizona Cardinals.

Eagles van contra los Patriots y la historia deportiva de Filadelfia

Philadelphia Eagles va contra los New England Patriots y la historia deportiva de una ciudad

Patrick Smith

AFP

A pesar de celebrar un título de las Grandes Ligas hace menos de una década, los equipos deportivos de Philadelphia no tienen mucho más de qué presumir.

Philadelphia Actualizado: 24 enero 2018 22:27h CET

El próximo domingo 4 de febrero los Philadelphia Eagles no solo tendrán que enfrentarse a Tom Brady y los New England Patriots, sino también a la historia deportiva de una ciudad que no siempre las tiene todas consigo. Dos enemigos formidables para un equipo con un quarterback suplente y un coach en apenas su segundo.

Al igual que hace un año, los Patriots llegan al Super Bowl contra el representante de una ciudad que marca un claro contraste con el área de Nueva Inglaterra, en donde los logros no solo son frecuentes sino prácticamente obligatorios.

En el Super Bowl previo, los Falcons buscaban el primer título para un equipo de la ciudad desde los Atlanta Braves en 1995 y el segundo campeonato en general de la ciudad, dado el poco éxito de los Hawks de la NBA, y las dos franquicias de la NHL – Flames y Thrashers – cuyas vitrinas siguen vacías. Los Falcons no pudieron cambiar su historia y ahora Philadelphia enfrenta una presión similar.

Los Eagles llegan al tercer Super Bowl de la historia con las bajas expectativas que vienen de la mano de un quarterback suplente como Nick Foles, ningún jugador en superar las 1,000 yardas de scrimmage y una historia repleta de traspiés.

Los Eagles, como franquicia, tienen tres títulos de la NFL. Todos ellos mucho antes de la época del Super Bowl, y no hay muchos de sus actuales aficionados que hayan presenciado a Norm Van Brocklin levantar el último campeonato del equipo en 1960, uniéndose a los cetros de 1948 y 1949. En la era del Super Bowl, la primera vez cayeron 27-10 ante los Raiders en el Super Bowl XV al no poder transformar una marca de 14-2 en campaña regular en un trofeo Lombardi.

Tuvieron que pasar 24 años para que Philadelphia regresara al juego por el título, pero ahí se encontraron por primera vez con Tom Brady quien, para variar, comandó un triunfo de los Patriots en el último cuarto y los Eagles se quedaron con las manos vacías. Nada a lo que no estén acostumbrados.

En Grandes Ligas los Phillies fueron los responsables del más reciente título de la ciudad al derrotar en la Serie Mundial de 2008 a los Tampa Bay Rays, apenas el segundo campeonato en 135 años de historia, sumándose al de 1980. A cambio, los Phillies tienen la distinción de ser el equipo con más derrotas en la historia de Grandes Ligas con 10,837, más las que se acumulen en lo que se prevé sea otro año de reconstrucción en la temporada de 2018.

En la NBA, los 76ers acumularon al menos 60 derrotas en cuatro de las últimas cinco campañas, no llegan a postemporada desde 2011-12, a una final desde 2000-01 y no levantan el título desde 1982-83, el tercero de la franquicia en 69 años de historia, en la que se han malgastado las carreras de nombres como Charles Barkley y Allen Iverson.

En la NHL, los Flyers han sido el refugio de muchos aficionados que quieren probar las mieles de la postemporada de manera regular, con 38 playoffs en sus 60 años de historia. Sin embargo, eso solo se traduce en dos Copas Stanley, el ya lejano bicampeonato de las temporadas 1973-74 y 64-75.

La ansiedad de los aficionados de los Eagles es evidente y justificable. Y un peso más que los Eagles tratarán de quitarse de encima en su lucha contra los Patriots, los pronósticos y la historia.

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