¿Quién es Lamar Jackson?

 

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Se trata de uno de los novatos más aclamados por los medios de cara a la temporada NFL 2018. Algunos lo ven como el próximo Michael Vick, quien en su momento revolucionó la NFL con su versatilidad. ¿Podrá ganarle el puesto a Joe Flacco y revolucionar a los Ravens?

El proyecto de Lamar Jackson empezó en casa, donde su madre Felicia Jones se convirtió en su primera coach y posteriormente manager. El padre falleció cuando Lamar tenía apenas ocho años y fue su madre quien le dio las herramientas para enfrentarse a la vida y explotar el potencial que veía en el pequeño jugador.

Así Felicia lo inscribió para jugar football; ella era también quien lo intentaba tacklear en el patio y se convirtió en su primera receptora. También ella le trasmitió la importancia de la humildad y de mantener un perfil bajo, una antítesis de lo que hace en el basketball el famoso LaVar Ball, padre del Lonzo Ball (jugador de Los Angeles Lakers) quien constantemente debe soportar el protagonismo de su padre frente a las cámaras y cuya calidad ha sido cuestionada por la publicidad excesiva que rodea a su familia.

Felicia, por el contrario, apenas dio una entrevista a los medios cuando Lamar ganó el trofeo Heisman en 2016 y se ha apartado de su hijo frente a las cámaras pero le sigue recordando, tras bambalinas, los valores que le han servido para llegar a la NFL .

Lamar jugó a nivel preparatoria en Boynton Beach High School, donde fue considerado un proyecto de cuatro estrellas y en 2014 con la llegada de Bobby Petrino a la Universidad de Louisville, su primera misión fue atraer al “nuevo Michael Vick” al programa.

Para Petrino, reclutar a Jackson se volvió un tema personal. En 2007 él mismo llegó a los Atlanta Falcons como Head Coach en gran parte por el atractivo de Vick, la mayor arma de la NFL del momento. Sin embargo Vick se metió en graves problemas con la ley que le valieron una sentencia en prisión, por lo que el sueño de Petrino termino por volverse una pesadilla, en uno de los peores episodios para la franquicia de Atlanta.

Años después, Lamar Jackson fue la clave para el programa de Petrino en los años por venir; de inmediato como Freshman tuvo impacto en el equipo pero fue en su año Sophmore en 2016 cuando tomo la NCAA por sorpresa ganando todo tipo de galardón individual, incluyendo el ya mencionado Heisman, el Walter Camp Award, ACC Player of The Year y el voto unánime como jugador All-American.

En su último año colegial como Junior, Jackson no pudo defender su trofeo Heisman, el cual perdió a manos de Baker Mayfield; sin embargo la decisión mas importante de Lamar fue declararse con un año de elegibilidad en lo que para muchos parecía una decisión cuestionable en una clase tan fuerte encabezada en su momento por Darnold, Rosen y Allen, que pudiera herir su Draft Stock y relegarlo mas allá de la primera ronda.

Las credenciales de Jackson para declararse incluyen más de 9 000 yardas aéreas y 4 000 yardas por tierra, siendo el primer QB en lanzar para más de 3 000 yardas y correr para más de 1 000 yardas en temporadas consecutivas. Además logró entrar al club de los 50 pases de touchdown y 50 TD por tierra, siendo Tim Tebow y Colin Kaepernick los otros dos miembros que complementan tan selecto grupo.

 

Por supuesto, con cada “Dual QB” que llega a la NFL, llegan las interrogantes sobre su manera de lanzar. Algunos no tienen tantos problemas, como Kaepernick, pero otros pasan serios cuestionamientos como el caso de Tebow. Jackson, al mismo tiempo, pudo haber aprovechado el hype que creó Deshaun Watson luego de su buen debut con los Texans en 2017 para posicionarse mejor de cara al Draft 2018 y que varios equipos buscaran replicar el éxito ofensivo de Watson.

Jackson estuvo a nada de caer a la segunda ronda del Draft, pero los Ravens decidieron aprovechar la oportunidad no sólo en el jugador, sino en su contrato, el cual como jugador de primera ronda le da los equipos la opción por un quinto año en lugar de los cuatro años que tiene un jugador de segunda ronda.

La otra interrogante es que posiblemente Joe Flacco no esté en los Ravens para 2019, pues su desempeño ha estado lejos de lo esperado desde su MVP del Super Bow XLVII; su gran contrato influye en la incapacidad de los Ravens de firmar mejores jugadores, por lo que quizá la era de Lamar no esté tan lejos de iniciar.

Lo cierto es que Jackson aún no está listo, necesita bastante trabajo según su desempeño en la pretemporada. Al menos con las jugadas regulares del playbook que maneja Flacco. Jackson parece estar listo para correr antes de ver sus opciones y su toque por el momento deja mucho que desear al volar a sus receptores o tirar los pases atrasados dando oportunidad al cornerback de reponerse.

Pero no es tiempo aún de sonar las alarmas. Los equipos no muestran sus verdaderas cartas en pretemporada y la creación de jugadas para Lamar seguramente está en proceso, Jackson seguramente tendrá oportunidad en los juegos oficiales de intentar mover las cadenas y es ahí donde con un juego más balanceado podría levantar la mano y poner nervioso a Flacco, quien deberá jugar por nota durante la temporada.

Para ayudar en la transición de Jackson a la NFL, los Ravens cuentan con el cordinador ofensivo Marty Mornhinweg, quien ha acompañado a quarterbacks con tendencia a correr como Steve Young, Jeff Garcia, Donovan McNabb y Michael Vick. Otro asistente en Baltimore es Greg Roman, quien estuvo con Colin Kaepernick en los Niners y con Tyrod Taylor en los Bills. Sin duda un staff interesante para ayudar a la evolución de Lamar Jackson en la NFL.

Es muy temprano para colgarle el cartel de superestrella al ganador del trofeo Heisman pero los Ravens son un equipo muy serio que año con año hacen bien las cosas con sus picks del Draft, y tanto Ozzie Newsome como John Harbaugh pondrán todo su empeño para darle a Jackson las llaves de la franquicia. Por su parte, Lamar es un joven muy dedicado y moldeable en busca de aprender. Quizá aun no esté listo para llevar el equipo al Super Bowl, pero su simple habilidad como Playmaker podría darle un plus para sorprender a más de uno.

Quien sabe, quizá estemos ante Michael Vick 2.0.

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